“Afilando el hacha”: tener ocio para rendir más.

Ahora, la neurociencia da la razón a las tantas veces repetido cuento de “Afilar el hacha” (al final de este artículo puedes leer su contenido).

Silvia Bellezza, investigadora de la Universidad de Columbia ha descubierto que el ocio beneficia la salud, y que el estrés continuo y el trabajo desmedido producen enfermedades cardiovasculares y triplica la aparición de tumores.

  • Un reciente estudio en el Reino Unido, entre más de un millón de personas trabajadoras, concluyó que quienes trabajan más de 55 horas semanales, tienen un 33% más de riesgo de sufrir un infarto, que si redujesen su actividad a 35 ó 40 horas a la semana.
  • Pasar más de 60 horas semanales trabajando, multiplica por tres la aparición de tumores. 
  • El exceso de trabajo es un estresor crónico. Es un hecho que el estrés permanente es el responsable de un incremento en el largo plazode los niveles de cortisol, sustancia tóxica para el cerebro: provoca la pérdida de neuronas y fallos en la función cerebral.
  • Cuando disfrutamos de tiempo libre se activa nuestra red neuronal RND, vinculada con el ingenio y la creatividad. Por el contratio en los momentos en los que estamos hasta arriba de trabajo, sin tiempo para nada, la actividad de la RND se reduce al mínimo, hasta casi desaparecer.

El cerebro humano es un órgano que necesita acción y estimulación permanente para no debilitarse. Una relación equilibrada entre los factores trabajo y ocio no debería se un opción, es algo mucho más serio, estamos hablando de un ratio imprescindible para mantener nuestra salud cerebral.

Hace tiempo que Stephen Covey en su libro “Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva” identificó este factor como uno de los hábitos para tener un mayor rendimiento. Preparar nuestras herramientas para el trabajo nos hace ser más efectivos, y aquí debemos incluir a nuestro cuerpo y a nuestra mente. Si estás interesado en leer más sobre este aspecto que desarrolla la teoría de Covey  te invito a leer a mi artículo en el link de mi página www.plazacoach.es https://goo.gl/YS63Li.

Si no conoces la fábula, sigue leyendo .....

FÁBULA DEL LEÑADOR:

En un lugar lejano un hombre joven se fue a buscar trabajo a las montañas para ganar dinero para mantener a su familia.

Tenía confianza en sí mismo porque sabía que era fuerte y se sentía poderoso, así que fue directo al sitio donde podía ganar más dinero, sería leñador.

Se presentó ante el capataz y con su buena apariencia y forma física consiguió trabajo al instante. Llegó a un acuerdo para que le pagaran por cada árbol cortado y le dieron una nueva y bonita hacha para su trabajo.

Se sentía feliz por haber conseguido el trabajo y viendo a su compañero, que era bajito y gordo, sabía que ganaría mucho más dinero que él porqué cortaría más árboles y en menos tiempo.

El primer día amaneció y los dos hombres fueron a trabajar al mismo sitio. El hombre joven y fuerte, empezó a cortar árboles y más árboles, viendo como su compañero conseguía muchos menos arboles que él. Además cada cierto tiempo hacía descansos y se iba, para luego volver al rato.

Nuestro joven leñador no hacía descansos, era fuerte y no lo necesitaba, quería cortar muchos árboles y estaba totalmente centrado en su trabajo.

Estaba emocionado, había encontrado la manera de ser el mejor y cortar más arboles que nadie.

Al segundo día, se levantó eufórico y al igual que el día anterior se fue con su compañero, y empezaron a cortar árboles. Siguió viendo cómo su compañero paraba de vez en cuando y se iba a descansar para luego volver. Él seguía cortando y cortando árboles sin parar.

Pero está vez, solo llegó a cortar la mitad de los arboles que el primer día. Incluso llego a cortar menos que su compañero que cortó los mismos arboles que el día anterior.

Llegó el tercer día, y pensando que se había relajado, comenzó el trabajo antes de tiempo y con más fuerza, le puso todo su esfuerzo hasta bien entrada la noche.

El joven leñador estaba agotado, pero estaba seguro que esta vez habría cortado más arboles que el primero. Para su desesperación, cuando los contó, vio que había cortado menos que el segundo día, y que incluso eran menos que la mitad de árboles que había cortado su compañero que se había mantenido constante, haciendo siempre sus descansos.

Al anochecer se sentía muy mal, derrotado, no sabía qué estaba ocurriendo e incluso tenía miedo de perder el trabajo porque sabía que no estaba llegando al mínimo que el capataz exigía a cada leñador.

No sabía que estaba pasando y envidiaba a su compañero que cortaba muchos más árboles que él ¿Cuál será su secreto para cortar siempre los mismos árboles? Se preguntaba.

El capataz que había visto el entusiasmo inicial del joven leñador y ahora le veía triste y decaído se aceró para hablar con él.

El joven leñador vio llegar al capataz y pensó que le iba a despedir por no haber cortado los suficientes árboles. Empezó a excusarse y a prometerle que se esforzaría aún más para cortar más.

El capataz, que era un hombre sabio y curtido en la montaña, le miró y seriamente le preguntó, “¿Te acuerdas cuándo fue la última vez que has afilado tu hacha?” El joven leñador le dijo, “No la he afilado nunca, no he tenido tiempo, he estado muy ocupado cortando árboles y no he podido parar ni un segundo”.

Fue en ese instante cuando le vino a la mente la imagen de los descansos de su compañero, y sus fuerzas renovadas para continuar cortando árboles como si su hacha no estuviera desgastada.

Ese era el secreto de los leñadores curtidos, cada vez que se tomaban un descanso, utilizaban parte del tiempo para afilar sus hachas a la vez que recuperaban fuerzas.