Claves para aprender a decir “NO”

Pertenecemos a una sociedad en la que existen unas normas no escritas sobre la manera de relacionarnos con los demás en nuestro día a día, normas que evolucionan con el tiempo del mismo modo que lo hace la sociedad. La situación de los sistemas de relación interpersonal ha cambiado sustancialmente.

Estamos a caballo entre diferentes generaciones de edad, aquellos que crecieron en la época de los 80-90 y la hoy llamada generación de los milenials. Podemos apreciar como La educación recibida por generaciones anteriores promovía la conducta socialmente inhibida, el no decir que no, con expresiones que casi nos introyectaban del tipo; “respeto y no contradecir a la autoridad” ( me pregunto si no estar de acuerdo de una forma razonable, con nuestros argumentos es una falta de respeto ), “no se debe llevar la contraria a los mayores”, etc.

Actualmente, parece que se prodiga más el modelo casi contrario en el que nos enseñan a ser extremadamente competitivos, no dejarnos pisar bajo ningún concepto, mostrar y exhibir nuestros derechos a toda costa de forma que renunciar a ellos ( aunque en ocasiones el contexto lo requiera ) parece un síntoma de debilidad y, por tanto, rara vez decir que no.

En la otra o misma cara de la moneda, actualmente no es fácil sostener nuestra `postura en ámbitos laborales donde la competencia es extrema, en situaciones familiares en las que por la vida laboral en no pocas ocasiones necesitamos ayuda externa para conciliar con otras obligaciones y con nuestra vida personal.

En el equilibrio está la adaptación. aprender a decir que no de forma firme pero elegante, muy amigable pero clara, es una herramienta que necesitamos tener en nuestro día a día. No sólo se trata de decir no, sino de saber cuándo, cómo y dónde hacerlo.

Importancia de decir que NO

Ser capaces de decir No de manera amable, firme, sincera y honesta y adecuada al contexto es básico en nuestra adaptación social y personal, entre sus ventajas podemos mencionar:

  • Nos ayuda a no vernos implicados en situaciones que no deseamos.
  • Nos ayuda a evitar sentir que los demás nos manipulan y-o se aprovechan de nosotros.
  • Nos permite tomar nuestras propias decisiones (dentro de la legalidad lógicamente ) y ser dueños de nuestros actos.
  • Fomenta nuestra sensación de control y autoestima.

¿Cómo identificar nuestra dificultad?

Hay ciertas señales o indicios, que nos pueden advertir de que tenemos ciertas dificultades para mantener nuestra postura:

  • Sentir que frecuentemente no se nos respeta, sentirnos utilizados. Cuando esto ocurre en muchos ámbitos de nuestra vida la inercia nos lleva a pensar en los demás; sin embargo, si analizamos fríamente, cabe la posibilidad de pensar que no todo el mundo actúe mal. Considerar que son los demás quienes no nos respetan nos pone en una situación de pasividad en la que esperamos que nuestra dificultad se resuelva por el hecho de que cambien los demás, situación ajena a nosotros y fuera de nuestro control.
  • Sentirnos enfadados o decepcionados por no habernos expresado como realmente queríamos. O, a pesar de haber dicho que no, sentirnos mal con nosotros mismos como tónica habitual nos puede hacer pensar en la dificultad de mantener firmes nuestras decisiones-opiniones. El autoengaño actúa como un signo claro de nuestra dificultad. Cuando nos decimos: “En realidad me da igual”, “no es tan importante”; nos acostumbramos a soportar el malestar como un “mal menor”.
  • Otro síntoma sería la tendencia a justificarnos en exceso, llevando asociada la duda sobre nuestra decisión y en no pocas ocasiones, sobre nosotros mismos.
  • Nuestro lenguaje corporal nos informa sobre nuestro lenguaje, pues no sólo hablamos con las palabras si no también con nuestro cuerpo. Así una postura tensa, una mirada perdida, un tono de voz poco firme, etc. se asocian con una escasa autoconfianza.

¿Por qué nos cuesta decir que NO?

En primer lugar, hay que ser conscientes de que no es algo innato, con lo que nacemos sino es una destreza que se adquiere.

A veces la idea de pensar que soy así y no puedo cambiar, es una idea que nos bloquea y nos impide ser asertivos y decir no.

  • Estilos de conducta que hemos aprendido. Cómo exponía anteriormente, las personas significativas nos enseñan a lo largo de nuestra historia vital formas de relación interpersonal, en no pocas ocasiones adquiridos, automatizados y validados por ell@ mism@, en ocasiones lejanos a la asertividad.
  • Muchas veces persiste la idea de que es más fácil esquivar un conflicto que afrontarlo. Y es cierto a corto plazo pues evita una situación a priori embarazosa, pero a la larga el conflicto seguirá presente, incluso se magnificará. Cuando quien nos rodea no está acostumbrado a recibir el no por respuesta y comenzamos a actuar asertivamente, podemos plantearnos que a priori la respuesta a recibir puede no ser amigable pues esa persona en un principio está perdiendo bienestar.

“Nadie puede hacerte sentir inferior sin tu consentimiento.”

(Eleanor Roosevelt)

  • Experiencias negativas previas: es posible que en algún momento hayan intentado mantener su postura, establecer límites, y les hayan respondido de una manera inadecuada o hayan sufrido consecuencias negativas. Los seres humanos aprendemos (y desaprendemos) de experiencias, por lo tanto, a partir de estas experiencias pueden aprender a “decir sí”
  • Deseabillidad y -o ansiedad social. La ansiedad social se define como un miedo altamente limitante a situaciones sociales de diversa índole en las que la persona que lo sufre se siente, se percibe expuesta al posible examen por parte de los demás.
    No siempre, pero muy frecuentemente se encuentra asociada con el miedo a lo que puedan pensar de uno mismo, con lo que no es fácil llevar la contraria.
  • Decir que no y empatía. El exceso de empatía puede hacer difusa la línea entre uno mismo y los demás.
    Cuando tenemos demasiada empatía es posible que sintamos que somos responsables de aliviar el dolor de nuestros seres queridos; resulta fácil entender la dificultad de decir que no.
  • Miedo al abandono o a que nos dejen de querer.
  • Miedo a decepcionar a quien consideramos importante en nuestra vida.
  • La Dependencia emocional y la Codependencia en la que el cuidado de la otra persona, a la que se percibe como necesitada se convierte en el centro de nuestras vidas. Por miedo a decir que no y-o por la necesidad de cuidar al otro (la responsabilidad autoadquirida) se genera una gran dificultad para poner límites.

Repercusiones de NO decir que NO.

Una consecuencia es poner nuestro bienestar en función de lo que hagan los demás. Cuando actuamos sin decir que no y esperando que los demás cambien les “culpamos injustamente”.

Muchas personas acuden a mi consulta mostrando diferentes emociones, tales como ira, frustración, tristeza e intenso miedo; en determinadas ocasiones se refleja en problemas psicosomáticos (problemas físicos no originados por causas físicas sino psicológicas). Al analizar estas causas y las pautas de pensamiento y afrontamiento, observó con frecuencia dificultades para decir no.

Cuando las personas adquieren y entrenan esta habilidad, lo primero que dicen es que han recuperado la sensación de control de su vida, promoviendo en ellos como un efecto dominó la seguridad, autoconfianza y autoestima.

¿Qué podemos hacer?

No es fácil decir que no y mantener la firmeza en nuestra postura. Todos conocemos a personas que no aceptan de buen grado el no por respuesta, actuando en no pocas ocasiones de forma manipuladora, chantajista.

Aquí te damos algunos consejos para poder decir que “no”:

  1. En primer lugar, hacer consciente el derecho a decir que no si así lo consideramos. Junto a ello es básico ser capaces de afrontar aquello que tenemos a dar una respuesta negativa. No podemos descubrir qué ocurre con un miedo si no lo reconocemos y afrontamos.
  2. Tener muy claro nuestro objetivo en la circunstancia en que decimos que no: muchas veces no es, o al menos no debería ser querer agradar a los demás.
  3. Dar razones por las que nos negamos y no excusas.
  4. A la hora de decir que no ser breves, explícitos y claros. Evitar dar demasiadas vueltas.

Si te has visto reflejado-a en este artículo, tienes dificultad para mantener tu postura, puedes ponerte en contacto con el equipo de PSICOPARTNER, llamándonos al +34 669 489 678 o enviándonos un email a hola@psicopartner.com y reservar una cita presencial o bien utilizando nuestro servicio de psicología online, donde estaremos encantados de analizar tu caso, atenderte y ayudarte.

Ernesto Martín

Ernesto Martín

Psicólogo Sanitario Psicopartner
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