Cuando los hijos no llegan

Muchas parejas en edad fértil (sobre todo entre los 25-35 años) y  que desean tener hijos, se encuentran con que pasan muchos meses sin lograr el  embarazo. Después de muchas dudas y reticencias deciden acudir al ginecólogo y a continuación a una clínica especializada en busca de ayuda, y con la idea de resolver muchas dudas respecto a lo que puede estar pasando. En estos centros de fertilidad, se realizarán pruebas específicas: análisis, ecografías, estudios de calidad de ovocitos y esperma, estudios genéticos, etc.

A partir de este momento, e independientemente de que se encuentre o no alguna causa biológica que pueda explicar el problema, se convierten oficialmente en una  pareja  que sufre infertilidad, con muchos sentimientos encontrados, y la incertidumbre de que es lo que ocurrirá a partir de ese momento. De hecho, se considera que existe infertilidad cuando después de un año de relaciones sexuales sin utilizar métodos anticonceptivos, no hay un embarazo. Y aunque es cierto que no cambia nada, pues de hecho acuden a consulta porque no logran el embarazo, a partir del momento en  el que se plantea abiertamente el problema y la posibilidad de someterse a diferentes tratamientos para conseguirlo, todas las dudas se confirman y surgen sentimientos de  rabia,  preocupación,  tristeza,  incertidumbre, etc.

Aparecen planteamientos del tipo: “Deseamos tener un hijo como tantas otras parejas cercanas y que se quedan embarazadas enseguida, y nosotros no podemos, ¿Por què?”. Esta es una pregunta que se hacen en muchas ocasiones, y en la que influyen algunas ideas preconcebidas que incrementan aún más todos los sentimientos  que afloran en ese momento:

  • Pensar que el embarazo es algo que llegará de forma rápida en cuanto se desea y se mantienen relaciones sin protección, cuando en realidad solo hay un 35% de posibilidades de que se produzca el embarazo de forma natural en parejas en edades fértiles.
  • No darse cuenta de que otras parejas con hijos seguramente no cuentan sus dificultades para lograr el embarazo, o si han realizado algún tratamiento de fertilidad, por lo que hay una percepción errónea de que todas las que tienen hijos lo han conseguido en poco tiempo y sin ningún tipo de contratiempo, y en cambio nosotros tenemos un problema que no le pasa a casi nadie.
  • Considerar que si no tienes hijos la vida no tiene sentido, ya que nos han enseñado que es lo natural y lo que se espera en una pareja, y cuando pensamos en que es posible que nunca podamos tenerlos surgen infinidad de sentimientos negativos.

Lo que antes era ilusión y en su mayoría sensaciones agradables por conseguir el embarazo, a partir de ese momento parece que lo peor se confirma, y se producen una serie de pensamientos, sentimientos y comportamientos, que aunque en algún momento ya han estado presentes, a partir de ahora aparecen en “catarata”.

Pensamientos como: nunca podré tener hijos, no valgo nada si no soy madre, la vida no tiene sentido sin hijos; sentimientos de tristeza incertidumbre, vergüenza, culpabilidad, inseguridad, frustración, ansiedad, etc; y la evitación de situaciones como el contacto con parejas embarazadas, acudir a eventos donde hay padres con hijos, conversaciones con familiares y amigos relacionadas con los hijos y la familia, etc.

Todo ello  provoca aislamiento al no desear tener  relaciones que antes se consideraban normales o renunciar a realizar ciertas tareas, lo que a su vez incrementa la ansiedad. El culparse a uno mismo por lo que está pasando o incluso al otro miembro de la pareja, puede acabar en rupturas por este motivo si no se gestiona de forma adecuada.

Surge la incertidumbre sobre lo que ocurrirá a partir de ahora, pues se presentan varias posibilidades: rendirse, seguir intentándolo de forma natural, o someterse algún tratamiento de fertilidad. Todo ello sin que exista la seguridad de conseguir el ansiado embarazo, e implica someterse a más pruebas,  costes económicos importantes que influyen en la decisión a tomar, y en el caso de la mujer se añaden los molestos efectos de los tratamientos de estimulación.

Afortunadamente, lo anterior no afecta de igual manera a todo el mundo, personas con un buen ajuste emocional y que disponen de recursos podrán resolver mejor  y tomar decisiones  a partir de esa incertidumbre, ayudando incluso al otro miembro de la pareja. Por ello es muy importante una buena comunicación, compartir lo que se siente en cada momento, dar muestras de apoyo y plantear abiertamente las distintas opciones para poder tomar el camino adecuado, e incluso poder cambiarlo cuando surjan nuevos contratiempos, planteándose también como opción la posibilidad de no tener hijos.

Precisamente para esas personas que son más vulnerables o que presentan dificultades en esa toma de decisiones y les cuesta enfrentarse a las distintas situaciones que puedan surgir, en Psicopartner se realizan talleres de apoyo para parejas que se plantean realizar un tratamiento de fertilidad, ya sea en la fase de toma de decisiones, a punto de comenzar o ya realizándolo, y también una atención individualizada en los casos en los que la persona o la pareja lo considere necesario para ayudar en esa toma de decisiones, reforzar la autoestima y afrontar todo el proceso con una mayor seguridad.