Diferencia entre celos y envidia

La envidia se manifiesta cuando deseamos tener algo que tiene otra persona, mientras que los celos se dan cuando tenemos miedo de que alguien nos quite algo que sentimos que nos pertenece.

Ambas son emociones secundarias, de las cuales somos conscientes y las sentimos a raíz de nuestro contacto con el entorno social. Son emociones primarias el miedo, la sorpresa, el asco, la tristeza, la alegría y el enfado, y aunque hay cierta controversia al respecto, generalmente se considera que tienen un carácter innato, no aprendido, al contrario que las emociones secundarias. 

Al desarrollarnos en un contexto social, del que es prácticamente imposible diferenciarse, observamos en nuestro entorno y aprendemos a desarrollar también las emociones secundarias, como consecuencia de esta interacción.

Desde pequeñitos vemos cómo nuestras figuras de referencia manifiestan vergüenza, culpa, celos o envidia ante ciertas situaciones, como por ejemplo, vergüenza en una situación social embarazosa, culpa cuando pensamos que hemos podido hacer algo mal, celos cuando percibimos un flirteo por parte de un tercero con nuestra pareja o envidia cuando un conocido tiene un puesto de trabajo que consideramos superior al nuestro.

Aprender a gestionarlas puede ayudarnos a reconducirlas

Estas dos formas de sentir suelen generar malestar en la persona y en el entorno, no obstante aprender a gestionarlas puede ayudarnos a reconducirlas hacia otras formas más constructivas, actuando incluso como facilitadoras para conseguir nuestros objetivos.

Mientras que las emociones primarias tienen una función ancestral como puede ser protegernos de posible peligros para nuestra supervivencia (miedo para ayudarnos a salir de una situación de vida o muerte, sorpresa o asco para alejarnos de insectos venenosos, tristeza para facilitarnos la reparación ante una pérdida, alegría para compartir con nuestros allegados y servirnos de motor para seguir persiguiendo objetivos o enfado para poner límites cuando percibimos un acto por parte de los demás como abusivo), la función de las emociones secundarias es algo que no está tan definido y que depende en gran medida del entorno en el que nos desenvolvemos.

La envidia y los celos pueden llegar a ser destructivos

la envidia y los celos pueden llegar a ser destructivos. Sentir envidia cuando un amigo tiene lo que nos gustaría tener y no hemos conseguido, véase un buen trabajo, un amplio círculo social o una pareja e hijos no es destructivo de por sí, la parte destructiva llega cuando esto nos genera frustración con nuestra propia vida o con nosotros mismos y/o con esta persona, pudiendo algunas personas incluso llegar a boicotear los éxitos de sus allegados por la frustración que les genera no tenerlo ellos mismos.

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En cuanto a los celos, como ya hemos mencionado, estos aparecen cuando tememos perder algo que consideramos que nos pertenece, el problema realmente estaría en el control o la posesión que sentimos tener sobre el otro, cuando nos sentimos con derecho a poseerlo.

Y es que es importante tener muy presente que cada uno tenemos nuestras propias circunstancias, nuestro propio camino recorrido, y la comparación con los demás (constructo tan presente en estos casos e inculcado por la sociedad) no hace sino dañar nuestro propio autoconcepto y por ende, a mayores rasgos, nuestra autoestima, que es la base para relacionarnos con nosotros mismos y con terceros.

Los demás no han estado en nuestros zapatos, no han vivido nuestras experiencias propias y probablemente hayan tenido una distinta evolución, lo cual no significa que sea mejor ni peor ni haya que hacer comparaciones. 

Simplemente, dentro de la presión social de la que no podemos huir, tenemos que parar a reflexionar sobre las diferencias individuales y compararnos con nosotros mismos. Intentar ser nuestra mejor versión no implica derrotar ni destruir al otro movilizando nuestros celos o envidia hacia la destrucción, sino aceptar nuestras circunstancias y las del otro y dejar de luchar contra ello, movilizándonos realmente hacia los objetivos que queremos conseguir, acordes a nuestro propio sistema de creencias y valores.

Dentro de las relaciones de pareja o incluso de amistad, es importante distinguir los espacios propios de cada miembro y tener en cuenta que somos personas libres, no pertenecemos al otro y que lo enriquecedor es que la otra persona aún sintiéndose libre, elija estar contigo. 

Hablamos de celos patológicos cuando se produce una dinámica dentro de la relación de control, desconfianza e inseguridad que produce un fuerte malestar y daño emocional a la pareja. En estos casos la terapia de pareja puede ayudar a regular de una manera adecuada estas emociones.

Obviamente pueden aparecer celos de manera automática en determinados momentos, poque somos seres sociales, pero se contrarrestan con la confianza que tenemos en la otra persona, y es que, aunque percibamos competidores, la esencia de una relación es la confianza y sin ella no hay relación sana que se pueda mantener. 

Sólo cuando lleguemos a este punto de reflexión seremos capaces de mantener relaciones saludables con nuestro entorno, alegrándonos por los éxitos de nuestros amigos, compartiendo momentos de felicidad propios y de los demás, conectar realmente con uno mismo y con los demás, en resumen, vivir.

Si te cuesta gestionar tus emociones, contacta con nosotros en hola@psicopartner.com o en el teléfono +34 669 489 678 y te ayudaremos, siempre desde el respeto, la cercanía y la profesionalidad.

María Magdalena Orosan

María Magdalena Orosan

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