El victimismo frente a la responsabilidad

El otro día escuché una conversación que me llamó la atención, no por el contenido en sí sino por lo que esconde. Quisiera compartirla con vosotros.

“¿Qué tal estás?” Preguntó la primera.
“Uff…aguantando el tirón. He roto la relación con mi pareja después de 10 años juntos… Por mi edad, mi situación personal y laboral, como están las cosas, no voy a encontrar otra pareja capaz de comprenderme, apoyarme y hacerme feliz durante mucho tiempo, esto me mata. ¡Qué mala suerte he tenido! No dejo de preguntarme por qué a mí”, esto no es justo, con lo bien que me he portado me lo paga así, etc.

La otra persona, ante el mismo acontecimiento decía: “Animo! Yo también he roto mi relación de pareja después de un largo tiempo, con muchos intereses, proyectos, sueños e ilusiones compartidas. Sé que no es un buen momento, Estoy dolid@, triste, desorientad@, va a ser duro pues durante muchos años mi vida ha ido junto a él-ella, pero estoy segur@ de que puedo superarlo, que va a ser una gran oportunidad para asumir mi nueva vida, reencontrarme conmigo mism@ y ser más autónom@ e independiente.

Resulta cuanto menos curioso ver como las dos personas viviendo el mismo acontecimiento, estaban reaccionando de forma muy diferente. Para un@ era una desgracia ante la que siente que no puede hacer nada, para otro una “oportunidad”.

La gran diferencia, la actitud, una actitud de victimismo, la perspectiva desde la cual miramos a los acontecimientos de la vida como sucesos con causas externas que nos ocurren a nosotros, sin que podamos hacer nada por evitar el golpe, frente a la actitud de responsabilidad.

En ocasiones, nos enfrentamos a situaciones que escapan a nuestro control y sobre las que no podemos intervenir; pero sí podemos intervenir en qué vamos a hacer con esas situaciones, cómo vamos a adaptarnos a las mismas de forma proactiva, hasta dónde vamos a permitir que nos afecten utilizando los recursos que tenemos disponibles para ello y aprendiendo aquellos de los que no disponemos.

“La única libertad que no pueden quitarle al ser humano es la libertad de elegir cómo sentirse” Víctor Frankl

Qué lleva a una persona a adoptar el rol de víctima.

El papel de víctima funciona como un mecanismo de protección ante el miedo o la ansiedad. Se constituye como una forma de evitación donde la persona prefiere no afrontar la responsabilidad de sus acciones ya que no se sienten preparados para el fracaso.

Son múltiples las causas que pueden llevar al victimismo.

  • Los modelos paternos: Padres excesivamente protectores, temerosos de que a sus hijos les pueda pasar algo fomenten un apego dependiente, inseguro en sus hijos; caracterizado por la inacción, la tendencia a solucionar las dificultades de sus hijos, si esto se mantiene y-o lleva al extremo el niño no tendrá la oportunidad de aprender por sí mismo y enfrentarse al miedo de afrontar situaciones difíciles.
  • Una baja autoestima y autoconfianza en uno/a mismo/a en la que la persona en cuestión no se siente válida por sí misma, con escasa confianza en sus capacidades ni en sus posibilidades tenderá a no validar sus pensamientos, sus ideas y sus intentos de solución ante las dificultades. Muy relacionado con la autoestima se encuentra el sentimiento de eficacia percibido; compuesto por las creencias que tenemos sobre nuestra capacidad y habilidades para organizar y ejecutar acciones que nos ayudarán a alcanzar los objetivos propuestos; es decir, nuestra confianza en nosotros mismos para solucionar problemas y alcanzar nuestras metas.
  • Experiencias previas: Hay personas que han vivido situaciones vitales duras, que han puesto en entredicho su integridad personal; no sólo la seguridad física, sino también mental de la persona. En determinados casos quien lo ha sufrido no ha podido defenderse, o se ha podido defender y lo ha hecho, pero sus acciones no han podido evitar que ocurriera aquello que tanto temía. Estos hechos quedan “grabados” en nuestra mente generando unos esquemas mentales rígidos caracterizados por la sensación de indefensión e impotencia.
  • El miedo a salir de la zona de confort: Así gente que tiene una vida “rutinaria” con un trabajo fijo y estable, una pareja consolidada, los mismos amig@s con los que siempre hace las mismas cosas, genera una tendencia a la inercia, al mantenimiento del mismo, pero también una forma de vida en la que nos sentimos seguros. Cuando hay un acontecimiento voluntario o involuntario que rompe la estabilidad aparece la inseguridad, el miedo a salir de la conocida como zona de confort. Todos tenemos un ámbito en que nos sentimos seguros y protegidos; esta zona confortable no tiene por qué ser un lugar agradable y satisfactorio para uno mismo, ( de hecho, muchas veces no lo es ), pero al fin y al cabo, un caos conocido, familiar, y a su vez provocador del miedo al cambio, a lo desconocido.
  • La tolerancia a la frustración: La frustración es el sentimiento de fracaso que aparece cuando una necesidad no se ve satisfecha y-o un deseo no se cumplido.
    En diferentes tiendas vemos como productos caros rápidamente son vendidos para promover nuestra comodidad y supuesto bienestar. Vivimos en la sociedad de la inmediatez, en la que el tiempo es oro, en la que queremos todo ya, queriendo conseguir resultados inmediatos, y es que la recompensa inmediata tiene un poder muy fuerte sobre el ser humano. Todos tenemos un umbral de tolerancia a la frustración, que como tantas cosas se entrena. Así gente con baja tolerancia al malestar tiende a no perseverar en sus intentos por conseguir la meta propuesta, tendiendo al abandono y a responsabilizar de ello a diferentes factores externos; pensar que era muy difícil sin proponerse si podrían haber dividido la meta en submetas progresivas para alcanzarla, haber hecho las cosas de otra forma, acelerar los tiempos de consecución de objetivos, etc.
  • Evitar el conflicto con los demás: defraudar las expectativas. Las personas relevantes de nuestra vida tienen unas expectativas sobre nosotros más o menos arraigadas. Dependiendo de la fuerza de estos “mandatos” y la influencia que tengan quien nos los ha impuesto, ejercerán mayor o menor presión sobre nuestra psique. Cuántas veces hemos escuchado en consulta frases como “el mayor deseo de mis padres es que sea, que tenga…” Expresiones que quedan grabadas inconscientemente pero que llegan a determinar fuertemente la actitud ante la vida y la manera de comportarse y actuar ante los demás, actuando como verdaderas cadenas que limitan fuertemente la libertad individual. Así, a corto plazo es más fácil dejarse llevar por la inercia que asumir la responsabilidad sobre nuestros propios deseos, anhelos, en definitiva, sobre cómo queremos ser.

Consecuencias

Las personas victimistas, cuando tienen que asumir responsabilidades, recurren a sus estados emocionales y a sus circunstancias para no hacerlo. Es más fácil, aunque no más rentable, actuar de esta manera que ponernos las pilas y comprometernos para cambiar lo que no nos gusta.

La victimización lleva asociados beneficios-ganancias secundarias a corto plazo, que salen muy caros a medio y largo plazo. Así las personas que actúan desde el rol de víctimas evitan un malestar inmediato; pues no es fácil afrontar cosas que tememos y-o no sabemos. Junto a ello, en no pocas ocasiones se obtiene atención-compadecimiento de otras personas, generando una imagen de debilidad ante los demás, y solucionar sus dificultades, ¿ por qué motivo?

El victimismo, la actitud victimista, poco a poco, se expande a todos los aspectos de la vida. Cuando no hacemos nada más que quejarnos, nos conformamos con lo que hay, nos volvemos vagos, dejamos de avanzar y de desarrollarnos como personas. Así, se corre el riesgo de que termine convirtiéndose en un modo de vida en que las personas se sienten “seguras” aunque no satisfechas. Y, sobre todo, se renuncia a un poder y libertad innatos: la posibilidad de elegir la vida que queremos llevar, de ser la persona que deseamos.

¿Qué podemos hacer?

Todas las personas podemos elegir vivir desde la responsabilidad o desde el victimismo, y esa elección determinará nuestras vidas. Os propongo algunas ideas que quisiera compartir para evitar el victimismo:

  • Elimina los yo soy así, y los no puedo de tu vocabulario. El ser humano es un ser en constante cambio, evolucionamos a lo largo de nuestra vida y en consonancia con la sociedad en la que vivimos. Mantener estos pensamientos de forma rígida implica un autoboicot para no intentar cambiar.
  • Igualmente, es conveniente eliminar de nuestro repertorio de pensamientos el para qué. Alguien que tiende a la victimización, generalmente presenta un estado de ánimo bajo en el que los pensamientos negativos tienen mucha más fuerza que los positivos; tendiendo a ver las metas como difícilmente alcanzables y el logro como algo que no compensa el sacrificio. Podemos plantearnos que si no tenemos lo que queremos y no lo hemos conseguido, en realidad qué hemos perdido.
  • Hacer cambios implica esfuerzo. La relación esfuerzo-resultados muchas veces es inversamente proporcional; teniendo que invertir en un principio mucho esfuerzo para pequeños resultados y, con la consecución de los pequeños logros, constancia y aprendizaje, la relación se vuelve inversa obteniendo mayores resultados con menor esfuerzo.
  • Promover y potenciar la eficacia percibida. Una fuente importante de motivación hacia el logro es el sentimiento de estar siendo efectivos en lo que llevamos a cabo, nos hace ver que estamos en el camino correcto para conseguir el objetivo final, nuestra meta. Para ello es relevante aprender a controlar nuestros pensamientos, actitudes y conductas limitantes que boicotean nuestros proyectos.

Quisiera invitarte a que te sientes en silencio y, desde la tranquilidad, reflexionar sobre situaciones en nuestra vida en que actuamos desde el victimismo, quedándote en la queja y la culpabilización, sin tomar acciones y coger las riendas de tu vida VS situaciones en que actuamos como responsables.

En Psicopartner entendemos a la persona como un sistema global, realizando un tratamiento no sólo sintomático sino prestando atención a su ámbito personal e interpersonal, promoviendo cambios globales. Por ello, determinamos y establecemos de forma personalizada metas concretas y específicas, medibles cuantificables, así como beneficiosas para la salud de nuestros pacientes.

Si te has visto reflejado-a en este artículo, tienes un gran malestar que dificulta tu día a día y ves que no puedes manejar y controlar estas situaciones, puedes ponerte en contacto con el equipo de PSICOPARTNER, llamándonos al 669 489 678 y reservar una cita presencial o bien utilizando nuestro servicio de psicólogos online, donde estaremos encantados de analizar tu caso, atenderte y ayudarte.

Ernesto Martín

Ernesto Martín

Psicólogo Sanitario Psicopartner
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