¡Este niño NUNCA hace caso !

Seguramente esta frase la pensamos y repetimos varias veces al día con los pequeños de la casa, y mucho más ahora en esta época en la que comienza el cole de nuevo.

Nuestros hijos deben volver a las rutinas, y tienen que adaptarse a los horarios y a los cambios de todo tipo que implica el inicio del curso escolar. Después de un largo periodo de vacaciones, en el que las normas han sido menos estrictas y mucho más flexibles, ahora les cuesta mucho volver a someterse a las nuevas tareas y obligaciones,  y que por otro lado son imprescindibles tanto para su aprendizaje como para la convivencia en familia.

Se multiplican peticiones del tipo: “prepara la mochila para mañana, a la cama que es tarde y mañana hay que madrugar, recoge toda tu ropa, vístete ya que llegamos tarde”.

Y el problema es que se convierten en algo cotidiano, es necesario repetirlo tres o cuatro veces para que nos hagan caso, provocándonos además enfado y frustración al no poder manejar estas situaciones de conflicto con ellos.

Pero, pensemos por un momento, en otras muchas cosas que hacen por si solos o a la primera y a las que no les prestamos ninguna atención. Esos comportamientos pasan desapercibidos para nosotros porque nos empeñamos en fijarnos en lo que no hacen bien para intentar corregirlo una y otra vez en nuestro empeño por educarles de la mejor manera posible.

Si hiciéramos un cómputo del tiempo en el que nos dirigimos a nuestros hijos a lo largo del día para decirles lo que no hacen o hacen mal, superaría en mucho el tiempo en el que les hablamos o interactuamos con ellos para transmitirles o comentar lo que hacen bien, o simplemente en fijarnos en las veces en que realizan las tareas por sí mismos sin tener que decirles nada. Lo más probable es que esto último lo hagamos en muy contadas ocasiones.

Y es que, en general no prestamos atención a lo que los demás hacen de forma adecuada, y en cambio mucha atención a lo que se hace mal con el objetivo de corregirlo. Consideramos que lo que está bien hecho es lo normal y por tanto lo pasamos por alto,  y solo nos damos cuenta y nos fijamos cuando se rompe esa regla establecida. No valoramos todo lo que implica realizar algunas tareas,  y cuando lo hacemos solo vemos el resultado final.

Parémonos por un instante en lo que nos gusta y reconforta cuando nos felicitan por algo que hemos hecho bien. Posiblemente esto  no ocurre muy a menudo, pero si alguien nos dice que algo que hacemos está muy bien, aunque sea lo que se espere de nosotros, nos reconforta y nos hace sentirnos felices. Todos los días están repletos de conductas o tareas que hacemos de manera adecuada y que requieren esfuerzo, atención, y motivación, y nadie nos dice absolutamente nada, a no ser que nos equivoquemos y entonces viene la bronca o la crítica.

Así se sienten nuestros hijos cuando a lo largo del día realizan muchas conductas correctamente, que por cotidianas no dejan de ser adecuadas y requerir un esfuerzo. Por ello es muy importante que se lo trasmitamos, simplemente con un mensaje de satisfacción por lo que han hecho bien.

Esto implica fijarnos más en esas cosas que son capaces de hacer por sí mismos, consiguiendo además dos consecuencias inmediatas y muy positivas para ambos, mejoraremos la percepción que nosotros tenemos sobre su comportamiento y sus competencias al prestar menos atención a lo que hacen mal o de forma inadecuada, y por otro lado,  ellos se sentirán más reforzados y atendidos aumentando este tipo de conductas y a su vez irán disminuyendo los inapropiados.

Intentemos en estos días de cambios y adaptación al nuevo curso, disfrutar de los momentos que pasamos junto a nuestros hijos prestando algo más de atención por nuestra parte a ver y valorar su esfuerzo, sin fijarnos tanto en el resultado final:

  • Cuando les pidamos que realicen algo, describamos adecuadamente lo que queremos que hagan y cómo hacerlo, de forma que entiendan que cada uno de nosotros tiene que colaborar con ciertas tareas y comportamientos adecuados, manteniendo unas rutinas básicas para que la convivencia sea mejor.
  • Mostrémosles que tenemos confianza en que lo van a hacer de la mejor manera, y reforcemos esos intentos tanto si el resultado es el que esperamos como si no, simplemente corrigiendo lo que pueda mejorarse y volviendo a transmitir que confiamos en que la próxima vez lo harán mejor. De esta forma estaremos prestando atención al comportamiento adecuado a la vez que enseñamos y corregimos.
  • No realicemos comentarios negativos sobre su capacidad para hacer algo, cambiando la frase: “nunca haces lo que te digo” por “estoy seguro que lo vas a hacer lo mejor posible”. Cualquier intento por su parte debe ser reforzado, pues no hay nada que les motive más que la confianza que mostremos en sus propios logros, entendiendo que lo importante es el esfuerzo y las ganas por hacer algo, y no el resultado final.

Mejorar la comunicación que mantenemos con nuestros hijos, nos ayudará a afrontar adecuadamente todo lo que acontecerá a lo largo del curso, en el que aparecerán  otras dificultades y retos añadidos relacionados con los nuevos aprendizajes, deberes, exámenes, actividades extraescolares, etc. Iremos viendo como poco a poco, conseguiremos mejorar esos momentos que pasamos con ellos,  y como la importancia de mantener unas rutinas diarias nos van a ayudar a hijos y padres a sobrellevar mejor el comienzo del nuevo curso.