Mi hijo está enfermo | el Síndrome de Munchausen por poderes (MSBP)

Desde hace ya unos años leemos y escuchamos en las noticias que la natalidad está descendiendo, nacen menos niños, lejos quedamos del baby boom de los años 1950-60 que dan nombre a toda una generación.

En 1970 nacieron en España más de 600.000 bebés, en 2020 apenas llegan a los 340.000 nacimientos. La incorporación al mercado laboral de todos los miembros del ámbito familiar o una mayor dificultad económica para sostener a una familia son algunos de los motivos que dan los expertos para explicar este descenso. La edad media de las madres primerizas está rondando en el momento actual casi los 30 años, mientras que en 1970, ya que usamos este año como referencia esta edad media se situaba entorno a los 25 años. En 2018 se llevaron a cabo un 28% más de intervenciones para la fecundación asistida que en 2014, el año en que se comenzó a registrar esta demanda de las familias.

Es fácil entender con este contexto de referencia que tener un hijo para aquellas personas que lo desean pueda haberse convertido en un objetivo vital, un deseo que podemos asemejar a la adquisición de bienes de consumo, un trabajo digno y una vivienda también digna.

El miedo a fallar como padres/madres

Además de todo este contexto socio-económico existe un fenómeno fuertemente extendido en nuestra sociedad que algunos autores vienen denominando idealización de la maternidad, un conjunto de mandatos, dictámenes sociales, disposiciones y exigencias que ocultan, eliminan o difuminan los aspectos “negativos” de ser padres y madres. ¿Quién no ha visto la publicidad de productos infantiles en cualquier medio de comunicación?, ¿alguno de nosotros hemos visto, por ejemplo, en un anuncio de pañales la deposición del bebé?, ¿se muestra en los anuncios de productos para dormir mejor a un bebé llorando insistentemente durante toda, o gran parte de la noche?, no, sistemáticamente veremos pañales limpios y niños durmiendo con rostro angelical bajo la atenta mirada de sus felices progenitores.

Nos hemos permitido esta licencia pedagógica para ilustrar como a algunas personas que deciden tener hijos, el bebé les “pilla por sorpresa”, es muy frecuente escuchar en nuestra consulta la frase “jo, es que esto es muy difícil”, madres y padres que expresan esta u otro tipo de frases de queja sin candidatos a manejarse con una de las emociones que más limitan e incapacitan para la crianza, sí, el miedo.

Recordaremos muy rápidamente que el miedo es una emoción básica, esencial para el ser humano, que forma parte del grupo de emociones que dan servicio a nuestra defensa y que, como todas las emociones se trata de un “mal” necesario que tiene su utilidad y función. El miedo es el sistema de alarma del organismo, nos permite responder de forma efectiva ante las amenazas de nuestro entorno, atacando, huyendo o ignorándolas. Así que, tener miedo a que nuestro pequeño esté enfermo, o a que sufra, sin más es totalmente normal. Creemos necesario no obstante explicitar que cuando este miedo se generaliza y provoca una respuesta de protección excesiva sobre el bebé empiezan a aparecer dificultades.

Es fácil que una familia que se maneja desde el miedo a que su bebé enferme establezca con el pequeño un estilo de apego inseguro y ansioso. Si mamá y/o papá tienen mucho miedo, el bebé lo sabrá, lo detectará rápidamente, no podrá manejarse con la inseguridad de sus figuras vinculares y empezará a descolocarse, volviéndose más demandante, más inseguro y será más difícil de calmar y de regular.

Imaginemos un bebé que llora día y noche, un bebé al que sus padres no pueden calmar casi de ninguna manera, que prueban una y otra vez desesperados todo lo que se les ocurre, que además, durante todo el tiempo que interactúan con el pequeño lo hacen asustados, sin saber muy bien si es o no correcto hacerle o no hacerle caso, “no sea que este llamando la atención”. Este es el caldo de cultivo para acudir una y otra vez al médico-pediatra para que valore a nuestro bebé a la búsqueda de la patología misteriosa que hace a nuestro hijo, demandante e inconsolable.

Nadie habló a estos padres y madres esforzados en la preparación al parto de la incapacidad que tiene el ser humano para regular de forma autónoma su estado emocional. Nadie les explica que cuando un bebé se desregula, si papá y/o mamá se asustan actuarán cómo un cargador de batería alimentando el desajuste del bebé. Y es que no será hasta los 6 años aproximadamente que el pequeñín será capaz de manejarse en situaciones emocionalmente inseguras, y eso si le dejamos. Antes de esta edad, el niño necesita a sus figuras de protección para evaluar el impacto , en el ámbito de la seguridad y la protección, de todo lo que le rodea, llamemos a este fenómeno heteroregulación, esto es; me regulo en los otros.

Volvamos al ejemplo de estos padres que no encuentran explicación a las dificultades que observan en sus hijos, dificultades a que en ocasiones sólo observan ellos además. Qué sencillo es pensar que el pequeño está enfermo, y si no consigo el ansiado diagnóstico…, ¿qué?.

¿Qué es el síndrome de Munchausen,… por poderes?

El desorden facticio aplicado a otro, que así se describe en el manual de diagnóstico de enfermedades mentales DSM-V es conocido como síndrome de Munchausen por poderes y fue descrito por primera vez por Meadow en 1977. Se trata de una dificultad en la que la madre o padre del niño “simula” los síntomas de una patología médica en su pequeño, pueden llegar a manipularse resultados de pruebas médicas o incluso provocar a través de la negligencia síntomas propios de una enfermedad. Como podemos ver es el caso extremo del miedo y las dificultades que la maternidad o la paternidad nos pueden traer.

Se considera una forma de maltrato infantil y el origen de dicha dificultad no está nada claro, si bien casi todos los autores coinciden que la existencia de dificultades en la infancia de las figuras vinculares como las responsables de la aparición del síndrome.

Se suele hablar de carencias afectivas graves, de abusos y maltrato infantil, la pérdida de un ser querido (frecuentemente…

un niño) además se describe la comorbilidad de esta patología con el Trastorno Límite de la Personalidad.

En un primer momento el abordaje de esta dificultad debe estar orientado a la protección del menor, que es una víctima de la dificultad de su familia. Posteriormente se debe abordar la psicoterapia con la figura vincular afectada por dicha patología.

Veamos cuales son las señales o criterios que usaremos para valorar que un cuidador presenta la dificultad conocida como síndrome de Munchausen:

  1. Crear o inventar síntomas o signos psíquicos o psicológicos en la otra persona, incluye hacer daño a la persona para crear lesiones o síntomas que engañen al personal médico. Esto puede incluir; usar productos químicos que irriten la piel del niño, infectar heridas a propósito, usar medicamentos inadecuados o en dosis inadecuadas para provocar intoxicaciones o no nutrir al niño correctamente para justificar el que no aumente de peso, por ejemplo. Pero también la manipulación y la alteración del historial médico, del resultado de las pruebas practicadas, al objeto de que el pequeño sea hospitalizado y tratado de sus supuestas dolencias.
  2. Presentar al menor sistemáticamente ante otros, como enfermo, disminuido en sus funciones o incapacitado, discutir o discrepar abiertamente con el personal médico que atiende al pequeño, lo que provoca una catarata de consultas buscando segundas y terceras opiniones y múltiples pruebas diagnósticas e incluso hospitaliaciones.
  3. Mantener los engaños sistemáticamente en el tiempo incluso sin percibir ningún beneficio por ello.
  4. No se observa o no se tiene un diagnóstico previo de enfermedad mental que justifique la aparición y el mantenimiento de estas conductas.

Tratamiento Munchausen

Como comentábamos antes el tratamiento de esta dificultad de la personalidad debería permitir una intervención multidisciplinar que incluya la valoración por parte de los Servicios Sociales para determinar la mejor forma de proteger al menor.

Una vez asegurado el bienestar del “otro” debe atenderse al paciente que presenta esta sintomatología. Si bien no existe un tratamiento farmacológico que “cure” por completo y sane la dificultad, consideramos necesaria la valoración por parte de un médico-psiquiatra que nos asegure la estabilidad emocional de la persona.

Esta estabilidad será necesaria para abordar todas las pérdidas y dificultades que la figura vincular hará experimentado durante su vida y que podrían estar en la base del trastorno. En nuestro centro realizamos un abordaje combinado de psicoterapia breve de carácter sistémico con un abordaje de carácter familiar que permita a la persona poder reintegrarse en la dinámica afectiva necesaria para poder disfrutar de equilibrio y paz en la relación con sus seres queridos.

En Psicopartner somos expertos en psicoterapia breve de trauma desde la perspectiva de apego, este abordaje del proceso de desarrollo en la primera infancia es muy útil para las familias, que encuentran explicación, validación, legitimación y soluciones a muchos de los problemas que experimentan en la crianza de sus hijos.

Como dijo Bessel Van Der Kolk, prestigioso experto internacional en trauma y apego

“… a veces los problemas son realmente soluciones”,

no dejes que sigan siendo problemas y consúltanos.

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Jorge Bueno

Jorge Bueno

Psicólogo Sanitario Especialista Niños y Adolescentes.
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