Psicólogos infantiles y adolescentes en Madrid

Que niños y adolescentes se desarrollen de forma adecuada tanto a nivel intelectual como emocional es una prioridad para padres y cuidadores, teniendo como objetivo el que puedan vivir una infancia plena, en la que desarrollarse y sentirse felices. Contacte con nuestros psicólogos infantiles en Madrid.

¿Para qué un psicólogo infantil?

En nuestro centro, los psicólogos especializados en niños y adolescentes, atienden a la mayoría de las dificultades que pueden presentarse a estas edades, y que pueden provocar malestar en el niño y gran preocupación en sus padres.

Los problemas más comunes suelen estar relacionados principalmente con ansiedad, miedos y fobias, problemas de conducta, Trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), control de esfínteres, dificultades en sus relaciones y habilidades de socialización, problemas escolares, del sueño o del estado de ánimo.

En Psicopartner encontraras los mejores psicólogos infantiles en Madrid, y para asegurar  una correcta evaluación, diagnóstico  e intervención, utilizamos y aplicamos teorías y técnicas contrastadas científicamente.

Partiendo de una base cognitivo-conductual,  utilizamos también herramientas y metodología de otros enfoques que resultan  eficaces en la intervención con niños y adolescentes, y que nos permiten adecuar en cada caso y momento la intervención más adecuada.

¿Cuándo acudir a un psicólogo infantil?

Hay muchos indicadores que nos pueden alertar de cuándo puede ser apropiado acudir a un psicólogo infantil, ya que en muchas ocasiones son fácilmente observables por los adultos.

Se manifiestan en los niños en forma de excesiva preocupación, angustia, tristeza, inquietud, miedos, no querer a ir al colegio, pesadillas, retraimiento, etc.

Ante cualquiera de estos síntomas, en nuestra consulta privada, puedes encontrar un Psicólogo Infantil acreditado como profesional sanitario en Madrid, que os orientará, y en su caso recomendará iniciar un proceso de intervención adecuado a cada caso particular.

Cuando se toma la decisión de acudir a un psicólogo, esto suele ser pensado y acordado por parte de los padres, por lo que es importante hablarlo con el niño de forma adaptada a su edad, ya que esto ayudará a que se sienta más implicado en el proceso, y a normalizar la figura del psicólogo como un profesional sanitario más.

Explicarle de antemano porqué decidimos acudir al psicólogo, que le va a ayudar a sentirse mejor, a hacer amiguitos, a manejar sus enfados, a encontrarse más tranquilo, a no tener miedo, etc”, dependiendo de los síntomas o preocupaciones que muestre el niño.

Modo de actuación de los Psicólogos infantiles

Una vez definida la demanda, nos preocupamos en detectar qué es lo que puede estar detrás de ese problema. Encontrar el desajuste en la interacción entre el niño o adolescente y una situación concreta, en un contexto determinado. Nos centramos en conocer qué está pasando, qué ha influido en su aparición y qué lo está manteniendo actualmente.

Eso nos permite intervenir de forma más concreta, introduciendo los cambios necesarios, trabajando estrategias y sobre todo interactuar con las emociones, ya que en el niño y adolescente es fundamental la correcta identificación, expresión, y aceptación de las emociones, que se trabajarán de forma continua durante todo el proceso, sobre todo a través de una adecuada relación con el profesional que atiende al niño.

Creamos un contexto en el que facilitar, profundizar y reforzar su presentación en cualquier momento de la terapia.

Por este motivo, prestamos especial atención al cuidado del vínculo. Se ha demostrado su influencia en la intervención con los pacientes para obtener resultados positivos. En los niños y adolescentes se hace fundamental establecer una buena relación terapéutica, pues el niño raras veces acude a consulta consciente de algún malestar o problema. Son los padres los que demandan la consulta.

El profesional debe atender a estas demandas y a su vez tener en cuenta la aportación del niño, su valoración y colaboración durante todo el proceso. Las habilidades del terapeuta van a tener un peso importante en el desarrollo de las sesiones y la eficacia del tratamiento.

Se hace necesario por ello, un trabajo conjunto con los padres o cuidadores durante las sesiones y el tratamiento, teniendo en cuenta sus aportaciones y puntos de vista, preocupaciones, etc, y a su vez procurando su participación  e implicación, en la  medida de  lo posible, durante todo el proceso.

Psicólogos para Niños en Madrid

La infancia es una etapa fundamental para el adecuado desarrollo de la persona. En ella se producen los primeros vínculos con las figuras de apego, se deben cubrir nuestras necesidades básicas y establecemos las primeras relaciones con los iguales. 

Se va formando nuestra personalidad, se desarrolla nuestra autoestima, y las habilidades emocionales que nos permitan desenvolvernos de forma autónoma en el futuro. Un adecuado desarrollo emocional, aportará seguridad y confianza para aceptarnos a nosotros mismos, y con ello a tener relaciones sanas y satisfactorias con los demás.

Es por este motivo, son momentos sensibles, la interacción con sus cuidadores, estilos educativos, posibles problemas familiares, dificultades en la escuela o en las relaciones con compañeros, ya que van a tener una importante influencia. Por ello, es necesaria una atención especial diferenciada del adulto, donde atender a variables específicas que pueden influir en el bienestar infantil.

Así por ejemplo, hay que tener en cuenta la variabilidad de escenarios y contextos en donde se mueve el niño, la interacción con diferentes figuras adultas (padres, abuelos, educadores) que nos van a proporcionar en muchas ocasiones distinta información sobre lo que puede estar ocurriendo.

Por otro lado, los niños se encuentran en un continuo cambio, por lo que es necesario también atender al momento evolutivo en el que se encuentran según su edad, ya que esto va a permitirnos diferenciar entre un comportamiento adecuado o inadecuado para el momento concreto de su desarrollo, y si este normal o puede existir algún problema. Esto nos ayudará a adecuar la intervención a estas características y a las diferencias individuales y personales (capacidades intelectuales, atención, concentración, aprendizaje, etc).

En algunos casos, un niño con altas capacidades puede mostrar conductas disruptivas en el colegio al aburrirse, sentirse desplazado, desubicado y puede desembocar en problemas en el estado de ánimo.

Así, por ejemplo, el acoso escolar o bullying, requiere de una atención psicológica inmediata y rápida, que pueda ayudar al niño a desarrollar las estrategias necesarias para poder hacer frente a situaciones tan adversas, y una implicación de los padres y educadores para intervenir en el contexto donde esto se está produciendo.

Psicólogos para Adolescentes en Madrid

Durante la adolescencia se producen cambios importantes a nivel físico, intelectual, y emocional, y puede considerarse una etapa de crisis en la que surgen conflictos, mayor identificación con los iguales, problemas con los límites y las normas, ansiedad ante las obligaciones académicas, mostrándose como un periodo complicado para el adolescente y también para los padres.

Es importante diferenciar la adolescencia normal, en la que se puede producir cierto distanciamiento con los padres que dejan de estar idealizados, y se busca la individuación y la autonomía. Pasa a ser importante la aceptación e identificación con el grupo de iguales en busca de apoyo y seguridad.

Lejos de verlo como un problema, cuando se van produciendo estos cambios en su personalidad, se trata de convertirlos en una oportunidad de buscar otras formas de comunicación y relación, encontrar un acercamiento entre padres e hijos que será diferente a cómo era antes. 

Llegar a acuerdos y realizar los ajustes necesarios por ambas partes para conseguir la comprensión mutua. Se trata en definitiva de intentar mejorar esa relación.

En otros casos pueden aparecer en los adolescentes comportamientos que estén fuera de esta normalidad, en los que se producen desafíos, saltarse horarios, desinterés o abandono de los estudios, agresividad, realizar conductas de riesgo, alcohol, drogas, etc., que requieren de una intervención más específica, dirigida a objetivos concretos y un trabajo más exhaustivo con el adolescente, la familia, los educadores, etc.

¿Qué tratamientos llevamos a cabo desde el área de psicología infantil?

Los problemas y trastornos más comunes en niños y adolescentes en los que puede ser necesaria una intervención psicológica, son los siguientes:

Puede aparecer en los niños más pequeños ante las primeras separaciones de sus padres, por dificultades en las relaciones con los iguales, problemas en el colegio, o en los casos más graves por algún acontecimiento o vivencia traumática dentro o fuera de la familia, y se va a mostrar principalmente con síntomas como nerviosismo y preocupación, no querer ir al cole, problemas de sueño o pesadillas, quejas, rabietas, agresiones a otros, etc.

Pueden presentarse y diagnosticarse como trastornos de ansiedad por separación, estrés postraumático, ansiedad generalizada, trastorno obsesivo compulsivo, trastorno de pánico, entre otros. Entre las intervenciones más eficaces, se incluyen técnicas de respiración y relajación, autoinstrucciones, exposición, y reestructuración cognitiva.

En muchas ocasiones los niños y adolescentes se sienten tristes, sin ganas, con dificultad para disfrutar de las cosas, que son cambiantes y es importante diferenciarlos de un estado de tristeza que podría considerarse patológico, sobre todo atendiendo a la frecuencia, la intensidad y la duración de estos síntomas, unido a pesimismo, baja autoestima, desesperanza o falta de energía.

En niños más pequeños puede presentarse enfado y agresividad en lugar de tristeza.

La intervención que ha demostrado mayor eficacia es la terapia cognitivo-conductual, en la que se incluirá según los casos, técnicas como  reestructuración cognitiva, entrenar habilidades de resolución de problemas,  autocontrol, y habilidades sociales.

Son problemas frecuentes en la infancia, y es importante indagar en posibles acontecimientos o problemas emocionales del niño que pueden estar detrás de estos trastornos en muchos casos, realizando una evaluación más específica.

Suelen presentarse en forma de pesadillas, sonambulismo, terrores nocturnos o problemas de insomnio tanto para poder conciliar el sueño como para mantenerlo a lo largo de la noche. Y causan malestar y alteraciones familiares.

La intervención, dependiendo de cada caso concreto, va a combinar aprendizaje y fomento de hábitos y rutinas saludables que influyen en el sueño, incluyendo técnicas de relajación o de reducción de la ansiedad, control de estímulos, y extinción, según los casos.

En la mayoría de las ocasiones, resulta complicado establecer y diferenciar la conducta normal o anormal adaptada a cada edad que permita definirla como inapropiada, por lo que se considerará que existe un problema de conducta cuando cause malestar o ciertas dificultades sobre todo en la convivencia con los adultos encargados de su educación que pueden presentar problemas para controlar y manejar ciertas situaciones.

Se pueden presentar como desobediencia, aburrimiento, mucha impulsividad, molestias a los demás, enfado, que provocan conflicto con los padres o educadores. Entre estos problemas se incluye también el TDAH, que será ampliado como un trastorno diferenciado.

El trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), se caracteriza por presentar problemas de atención, impulsividad e hiperactividad o exceso de actividad motora.

Los problemas de atención se manifiestan en la dificultad para dirigir y mantener la atención por lo que le cuesta concentrarse en las tareas más monótonas y depende mucho de factores ambientales que son los que van a dirigir la atención y por lo tanto provocan distracción.

La impulsividad, es una respuesta poco reflexiva y rápida en la que no se valoran las consecuencias, que suele llevar a errores o problemas de aprendizaje.

La hiperactividad, imposibilita poder permanecer quieto, levantarse, moverse continuamente o tocarlo todo, y conlleva realizar esfuerzos para permanecer parado.

La intervención requiere como objetivos, el control de la impulsividad, mejorar la atención, rebajar la actividad, mejorar las relaciones, manejo de las emociones, mejora del rendimiento, de la autoestima y la propia aceptación y el bienestar personal.

La enuresis se caracteriza por la emisión de orina de forma involuntaria a partir de una edad en la que el niño ya debería tener cierto control. Esta incontinencia, no es debida a problemas médicos ni anomalías orgánicas o trastorno neurológico.

El tratamiento, va a depender de muchos factores, combinando las técnicas conductuales que han demostrado su alta eficacia en el tratamiento específico de la enuresis con la intervención y atención a la concurrencia de otros sucesos familiares y escolares.

La encopresis es la evacuación de heces de forma inadecuada y repetida en la ropa o lugares inapropiados.

De nuevo, se debe realizar una evaluación exhaustiva descartando por un lado algún problema orgánico, y realizar la evaluación psicológica distinguiendo de nuevo entre primaria y secundaria, posibles situaciones que hayan influido en su inicio y mantenimiento, hábitos de higiene, etc. También autorregistros que permitan obtener la mayor información posible para diseñar la mejor intervención.

Los problemas relacionados con la alimentación tienen una presencia importante entre los niños y adolescentes con consecuencias importantes tanto a nivel físico como psicológico. En los niños pueden presentarse problemas de oposición y rechazo a ciertos alimentos que puede derivar en trastornos más graves relacionados con la alimentación.

Es en la pubertad y adolescencia donde pueden aparecer los principales trastornos alimentarios como la anorexia nerviosa, la bulimia. Las características comunes a todos ellos son entre otras la distorsión en la imagen y peso corporales, conductas de evitación o agresión, aislamiento, buscar la aprobación en su físico, baja autoestima, impulsividad, distorsiones cognitivas, ansiedad o depresión.

La intervención ante este tipo de trastornos, irá desde la prevención en los más pequeños, incluyendo la detección temprana, sensibilizar, detectar grupos de riesgo, y tratar especialmente la autoimagen, autoestima, resolución de problemas y conflictos o dificultades en el  área interpersonal y social con especial atención a los problemas emocionales.

El miedo provoca una respuesta ante estímulos externos que realmente no suponen una amenaza. Esta respuesta es por lo tanto desproporcionada y exagerada provocando conductas desadaptadas en forma de gritos, escape, lloros, temblores o incluso pesadillas y otros problemas relacionados con el sueño.

Las fobias ante estímulos concretos y bien definidos, se conocen como fobias específicas, y se dan ante situaciones (lugar cerrado), animales, ambientes (tormentas), y sangre o inyecciones, principalmente. En los niños más pequeños es muy común el miedo a la oscuridad, en los que se mezcla la inseguridad, el temor a lo fantástico, o la pérdida de las personas queridas.

En la intervención con este tipo de miedos, se utilizan los tratamientos que han demostrado mayor eficacia como los que permiten la práctica y aproximación al estímulo que provoca el miedo de forma gradual y controlada.

En muchas ocasiones, los padres acuden a consulta a partir de problemas relacionados con los estudios, siendo un síntoma manifiesto de posibles trastornos de conducta, ansiedad, problemas familiares, etc, que crean malestar y preocupan al niño, manifestándose de forma muy evidente en el rendimiento escolar, comportamiento, o en las relaciones sociales en el colegio.

Por ello, en la mayoría de los casos de fracaso escolar, no suele tratarse de un problema de capacidades, por lo que se pueden enseñar técnicas de estudio o aprendizaje.

Hay que evaluar también posibles problemas emocionales sobre los que es necesario intervenir, y que pueden estar influyendo en la percepción de autoeficacia, seguridad y autoestima.

Algunos de estos trastornos pueden a su vez mostrarse conjuntamente en muchas ocasiones, o derivar uno a partir de otro, o también manifestarse como un síntoma de otro trastorno.

Por ello, procuramos realizar una evaluación continua durante todo el proceso de intervención, por lo que ante cualquier indicador de que pueda existir algún otro problema que sea susceptible de intervención, aplicar las variaciones oportunas con el objetivo de mejorar los tratamientos aplicados y conseguir que los resultados obtenidos se mantengan ante otros contratiempos en el futuro.

Si crees que tu hijo necesita acudir al psicólogo infantil en Madrid, puedes contactarnos para pedir cita a través del formulario de contacto.

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