Querer es poder… y algo más.

Cuántas veces hemos oído esta manida frase, tremendamente motivadora para unos, extremadamente frustrante para otros en la sociedad en la que nos movemos en la que se exige dar el máximo de nosotros en todo lo que hacemos.


He escuchado esta frase muchas veces en generaciones anteriores, las de nuestros padres y quizá de nuestros abuelos, y la sociedad avanza a pasos agigantados. Muchas veces se ha dicho que la inteligencia del ser humano se mide por su capacidad de adaptación; implicando ésta la facultad-disponibilidad de conseguir el equilibrio entre nuestro comportamiento y pensamiento sobre nosotros mismos y las personas y circunstancias del entorno.

Los índices de ansiedad de la generación actual son muy superiores a los de generaciones anteriores, estando “normalizado” el uso de ansiolíticos y antidepresivos, ante lo que podemos preguntarnos si nuestro umbral de tolerancia a la ansiedad es menor o el nivel general de ansiedad de la población es mayor.


A día de hoy la consecución de nuestros objetivos depende de nosotros sólo en una parte. Actualmente vemos ofertas de empleo con 500 postulantes en los que se requiere cualificación profesional, experiencia, edad, conocimientos de otras materias afines y no tanto, aptitudes personales y hasta apariencia física.

Autoexigencia

El psicólogo Albert Ellis planteaba en su conocida lista de Ideas Irracionales:

“Debo que ser absolutamente competente en todo lo que se emprenda y no permitirse el más mínimo error”

frase que aplicada a nosotros mismos y a los demás de forma moderada nos ayuda a la superación, el autoesfuerzo, pero si esta creencia está arraigada muy profundamente en la mente de una persona y se mantiene de forma rígida conlleva una motivación negativa, sentimiento de incomprensión e incapacidad cuando no se consigue, el uso de la autocrítica en detrimento de la autoaceptación así como el riesgo de distraer al sujeto del objetivo de ser feliz en la vida, el cual puede o no ir asociado al éxito.
Muchas veces el error puede actuar como un estimulante-un estímulo para favorecer el éxito futuro, pudiendo hacernos pensar que podemos cambiar o matizar nuestros propósitos.

Actualmente, muchas redes sociales promueven que podemos y debemos ser felices a toda costa y, ante todo, luchar por superarnos. Es cierto que es necesaria la motivación y la resiliencia ( definida ésta por la RAE como la capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un estado perturbador o un estado o situación adversos; los psicólogos añadimos la idea de desarrollar la posibilidad de salir fortalecidos de ellas ) como motores para proponer y mantener un cambio importante.

El problema llega cuando pese a nuestros esfuerzos no conseguimos nuestras metas, provocando una frustración y una lucha infructuosa, el auto-boicoteo a través del cual comenzamos a pensar si vamos a poder-dudar de nuestra propia capacidad ( sea esto cierto o no ), la postergación y en ocasiones, el abandono y, tras repetidos fracasos, una pobre autoestima basada muchas veces en demostrar nuestro valor a través de nuestros logros, por nuestras conquistas y no por quienes somos.

Autoexigencia personal

Y es que debemos introducir un matiz:

Querer ( No ) es Poder

querer depende ( al menos en gran medida ) de nosotros mismos pero no así poder. Basta un ejemplo extremo; yo quiero conocer la combinación ganadora del Euromillón pero por mucho empeño que ponga dudo mucho que llegue a conocerla.

Sin llegar a situaciones tan polarizadas, en la actualidad se producen muchas situaciones en las que por mucho que queramos no podemos conseguir, una de ellas es el manejo del malestar emocional por diferentes causas: ansiedad, pérdidas y duelos, estrés, ruptura de la autoconfianza. Valga como ejemplo las rupturas de parejas tras una infidelidad de uno de sus miembros, y es que la misma no es una condición sine qua non de la separación pero en no pocas ocasiones quien ha sufrido la infidelidad no es capaz por sí mismo-a de gestionar los sentimientos asociadas como a la pérdida de confianza en su pareja y en sí mismo, la ansiedad y el bajo estado de ánimo, la búsqueda de justicia y reparación del daño sufrido, la hipervigilancia, la culpabilidad, etc.

Perfeccionismo y motivación

Sostener que Querer es Poder implica perfeccionismo; el cual lleva consigo una elevada autoexigencia, ansiedad asociada al rendimiento y a la ejecución, tendemos a fijarnos en un punto de vista único y rígido con la dificultad asociada de adquirir diferentes perspectivas ante una situación, repitiendo patrones de comportamiento que no siempre van seguidos de consecuencias positivas y cuyos efectos nos provocan incluso más ansiedad, malestar y sufrimiento que las situaciones de las que son originarias.
Ser perfeccionista

Repetidos fracasos generan un bajo umbral de tolerancia al fracaso generalizable a muchos aspectos de nuestra vida. Y es que, cuando el sentimiento de éxito-fracaso no se maneja adecuadamente, se convierte en un pensamiento polarizado olvidándonos de que el error o el acierto son relativos y muchas veces se provocan por matices, no teniendo presente el proceso llevado a cabo ni el aprendizaje que hemos obtenido, actuando de forma resultadista en que tanto resultado, tanto éxito; generalizando el fracaso y poniendo en entredicho nuestro valor como personas y un fuerte sentimiento de culpa.

No te creas todo lo que piensas
Sin embargo, los pequeños cambios en el pensamiento y en la ejecución son muy poderosos; las micro-metas (metas parciales ) y planificar las micro-acciones para llevarlas a cabo son una forma muy eficaz de fraccionar el objetivo final y por tanto de romper la dualidad éxito-fracaso. Los objetivos alcanzables; bien porque tenemos los recursos necesarios para ello o bien porque podemos adquirirlos promueven las micro-acciones a realizar para conseguirlas, en la imagen de nosotros mismos y proporcionan una motivación adicional para continuar.

Aprender y Voluntad.

Muchas veces considerar únicamente que querer es poder nos induce a pensar que todo depende de la voluntad y el empeño que le pongamos, sin tener en cuenta que en muchas ocasiones no tenemos los recursos ni los conocimientos necesarios para afrontarlas.

En nuestra consulta de Psicopartner recibimos muchos pacientes que nos transmiten emociones, muchas veces no precedidas ni acompañadas de palabras de las que los terapeutas debemos hacernos cargo: tristeza, frustración, miedo al cambio, rabia con el entorno y muchas veces consigo mismos por no poder cambiar aquello que les está haciendo sufrir.

Así, en esta ecuación deberíamos añadir un elemento más SABER; de forma que tenemos mayores probabilidades de éxito-logro cuando QUEREMOS conseguir algo, pensamos de forma realista que podemos conseguirlo manteniendo la motivación y la acción para ello y SABER por qué lo quiero, qué tengo, qué necesito adquirir-aprender y qué necesito eliminar para conseguirlo.

Si queremos algo, no convirtiéndolo en una necesidad o un deber, nos debemos de sentir bien cuando pensamos en ello, si éste no es el caso entonces sería más bien deber es poder, ¿o poder es deber?


Dicen que el orden de los factores no altera el producto, pero si pensamos la frase al contrario, poder es querer, podemos plantearnos si no es un mandato implícito del mundo en que nos desenvolvemos, culpando a alguien de no usar su talento, no teniendo en cuenta las necesidades, los anhelos de esa persona. Y es que no debemos “obligar” a nadie a hacer lo que creemos que puede ( y debe ) hacer; nos hemos preguntado ¿ y quiere hacerlo ?, quiere hacerlo por sí mismo?

Es cierto la importancia de encontrar el difícil equilibrio entre lo que es importante, el bienestar propio y de las personas y circunstancias significativas del entorno. Es importante hacernos la pregunta ¿para qué lo quiero?, ¿qué quiero que aporte a mi vida?, ¿cuál es mi objetivo al alcanzar esta meta?, ¿qué está sumando o sumará a mi vida y qué está restando esta concepción mía? ¿puedo cambiar o adaptar mi concepción sobre el logro?

Tanto querer es poder como su inverso-poder es querer implican tener-conocer-planear-actuar.

Ernesto Martín

Ernesto Martín

Psicólogo Sanitario Psicopartner