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Duelo preventivo: cómo afrontar el deterioro de los padres ancianos

El duelo anticipado, también llamado duelo preventivo, es la reacción emocional que aparece antes de una pérdida que se intuye cercana. En el caso de los padres mayores surge cuando empiezan el deterioro físico, los olvidos o la pérdida de autonomía: la persona sigue aquí, pero ya no es la misma, y eso también se llora.

Mujer joven frente a un espejo que le devuelve el reflejo de una anciana, imagen sobre el duelo preventivo por el envejecimiento de los padres

Ver envejecer a un ser querido es una de las experiencias más complejas de la vida adulta y en no pocos casos una dura experiencia. Poco a poco aparecen los cambios físicos, la pérdida de autonomía o los olvidos cada vez más frecuentes, las enfermedades. Aunque la persona siga con nosotros, esta va cambiando, se va yendo poco a poco. Es habitual comenzar a sentir tristeza, nostalgia y melancolía por el pasado, miedo pues empezamos a suponer que salvo que se trate de alguna enfermedad o contratiempo puntual, el futuro se prevé que no va a ser mejor o incluso una sensación de pérdida difícil de explicar. A este proceso se le conoce como duelo preventivo o duelo anticipado; es una forma de duelo ya que la persona «no es la misma».

Se trata de una reacción emocional natural que aparece cuando intuimos que un cambio importante se acerca. En el caso de los padres mayores, no solo anticipamos su futura ausencia, sino también los cambios que ya están transformando la relación que mantenemos con ellos.

¿Qué es el duelo preventivo?

El duelo preventivo es el conjunto de pensamientos, emociones, actitudes, comportamientos y reacciones que experimentamos antes de que ocurra una pérdida significativa. Aunque tradicionalmente asociamos el duelo al fallecimiento de un ser querido, la realidad es que este proceso puede comenzar mucho antes pues en este devenir ya se están produciendo pérdidas.

Cuando un progenitor desarrolla una enfermedad neurodegenerativa, pierde movilidad, deja de reconocer a sus familiares o necesita ayuda para las actividades más básicas como hablar, andar, comer, vestirse, etc, los hijos experimentan pequeñas pérdidas sucesivas. La persona sigue presente, pero algunas de las características que la definían van desapareciendo progresivamente, su esencia poco a poco se va diluyendo.

Este tipo de duelo tiene su parte adaptativa pues permite prepararnos emocionalmente para el futuro, pero también puede convertirse en una fuente importante de estrés si no aprendemos a gestionarlo de forma saludable.

Emociones frecuentes durante este proceso

Cada persona vive esta situación de una manera propia. Al igual que en cualquier tipo de duelo, no hay duelos iguales ni existe una forma correcta o incorrecta de afrontar el deterioro de un padre. Sin embargo, algunas emociones aparecen muy habitualmente. La tristeza suele ser una de las más evidentes y recurrentes; resulta doloroso comprobar que quien durante años fue nuestro referente y en ocasiones la persona que nos transmitía fortaleza y seguridad, ahora es plena vulnerabilidad y necesita ayuda para tantas cosas.

También es habitual sentir miedo y ansiedad ante la incertidumbre. Muchas personas se preguntan cómo evolucionará la enfermedad, cuánto tiempo durará esta etapa, o si serán capaces de afrontar todas las responsabilidades que conlleva el cuidado, cómo trastocará su vida.

La culpa también ocupa un lugar importante, consideremos que es algo novedoso que probablemente no sabemos hacer. Algunos hijos sienten que no dedican suficiente tiempo a sus padres, que pierden la paciencia en ciertos momentos, que no están haciendo todo lo posible por ellos o que no saben cuidarles mejor, llegándose a veces a culpar de no verlos felices, ignorando su enfermedad o deterioro como un gran causante de la misma. Estas emociones pueden aparecer incluso cuando el esfuerzo realizado es enorme.

Junto a ello pueden surgir frustración, impotencia, anhelo, sensación de soledad aunque estemos acompañados, enfado con el ambiente, consigo mismos o a veces con el familiar. Son reacciones humanas ante una situación que escapa a nuestro control.

El cambio de roles: cuando los hijos cuidan de los padres

Persona sentada sola en un banco junto a un lago en otoño, imagen sobre el duelo anticipado y el cambio de roles entre padres e hijos

Uno de los aspectos más peliagudos del deterioro de los padres es el cambio de roles. Durante la infancia fueron ellos quienes cuidaban, protegían y tomaban decisiones.

Muchos hijos se convierten en cuidadores principales, acompañan a sus padres a las consultas médicas, administran la medicación, gestionan asuntos económicos o toman decisiones importantes sobre su bienestar, pensemos en que casi los hijos cogen con ellos el rol de padres. Aceptar esta nueva realidad requiere tiempo y un proceso de adaptación emocional.

Afrontando el duelo preventivo

Aunque el deterioro genere sufrimiento, esta etapa también puede convertirse en una oportunidad para fortalecer el vínculo familiar. Acompañar a quienes nos cuidaron durante tantos años es una experiencia profundamente humana, marcada por la vulnerabilidad, pero también por el amor, la gratitud y el deseo de ofrecerles la mejor calidad de vida posible en esta etapa. El dolor que produce esta etapa es inevitable, aunque podemos desarrollar recursos que nos ayuden a vivirla de una manera más saludable.

Es necesario reconocer nuestras emociones sin juzgarlas pues las emociones son sólo sentimientos. Sentir miedo, pena o agotamiento no significa querer menos a nuestros padres, al contrario, suele ser una muestra del profundo vínculo afectivo que nos une.

Dos manos formando un corazón a contraluz, imagen sobre el vínculo familiar al afrontar el duelo preventivo

Resulta recomendable compartir lo que sentimos con otras personas de confianza. Hablar con hermanos, amigos o profesionales de la psicología ayuda a poner nombre a las emociones y disminuye la sensación de soledad.

Otro aspecto fundamental consiste en centrarse en el presente. Es natural preocuparse por el futuro y si es preciso; hacer los cambios necesarios, pero pasar demasiado tiempo imaginando escenarios negativos aumenta la ansiedad y dificulta disfrutar de los momentos que aún podemos compartir.

De la misma forma, es importante aceptar que no todo depende de nosotros. Existen enfermedades y procesos propios del envejecimiento que ni nosotros ni nadie podemos detener. Diferenciar aquello que está bajo nuestro control de aquello que no lo está reduce considerablemente el desgaste.

Es muy relevante prestar atención a nuestro autocuidado. Quienes cuidan de un familiar mayor suelen dedicar gran parte de su tiempo y energía a atender sus necesidades. Sin embargo, con frecuencia olvidan cuidarse a sí mismos. Así; dormir adecuadamente, mantener una alimentación equilibrada, realizar ejercicio físico o reservar pequeños espacios para el descanso y el ocio no son actos de egoísmo, sino de cargar las pilas para poder sostener el cuidado a largo plazo. La fatiga y el rendimiento no suelen encajar bien; así cuando el agotamiento físico y mental se acumula, aumenta el riesgo de desarrollar ansiedad, depresión o el conocido síndrome del cuidador.

Pedir ayuda cuando la situación nos supera también forma parte del autocuidado. Repartir responsabilidades entre familiares o recurrir a servicios de apoyo puede aliviar significativamente la carga se antoja algo necesario, así como «perdonarnos» por no cuidarle íntegramente.

¿Cuándo pedir ayuda psicológica?

Conviene consultar con un profesional cuando el malestar se mantiene durante semanas y empieza a afectar al sueño, al trabajo o a las relaciones; cuando la culpa o la irritabilidad hacia el familiar son constantes; cuando aparecen síntomas de ansiedad o de depresión, o cuando el cuidado ha ocupado toda la vida personal y ya no queda espacio para uno mismo. La terapia ayuda a poner nombre a lo que se está perdiendo, a aliviar la culpa y a sostener el cuidado sin romperse por el camino.

Si te has visto reflejado-a en este artículo, te sientes agotado emocionalmente ante el envejecimiento de un ser querido y no sabes cómo resolverlo, puedes ponerte en contacto con el equipo de PSICOPARTNER, llamándonos al +34 669 489 678, enviándonos un email a hola@psicopartner.com y reservar una cita presencial o bien utilizando nuestro servicio de psicología online, donde estaremos encantados de analizar tu caso, atenderte y ayudarte.

Preguntas frecuentes sobre el duelo anticipado

¿Qué es el duelo anticipado?

Es el conjunto de emociones, pensamientos y reacciones que aparecen antes de una pérdida que se percibe como cercana o inevitable. También se llama duelo preventivo. Es frecuente en hijos de padres mayores con enfermedades degenerativas o gran dependencia, porque la persona sigue viva pero se van perdiendo, poco a poco, partes de quien era.

¿Es normal sentir duelo si mi padre o mi madre siguen vivos?

Sí. El duelo no empieza solo con el fallecimiento: también se vive ante pérdidas parciales, como la memoria, la autonomía o la relación que se tenía. Sentir tristeza, nostalgia o una sensación de pérdida mientras el familiar sigue presente es una reacción natural y no significa quererle menos.

¿Es normal sentir culpa al cuidar de un padre mayor?

Es muy habitual. La culpa aparece al perder la paciencia, al sentir que no se dedica tiempo suficiente o al desear, en momentos de agotamiento, que la situación termine. Suele presentarse incluso cuando el esfuerzo es enorme. Reconocerla sin juzgarse y compartirla con alguien de confianza o con un profesional ayuda a reducir su peso.

¿Qué es el síndrome del cuidador?

Es el agotamiento físico y emocional que aparece en personas que cuidan de forma prolongada a un familiar dependiente. Se manifiesta con cansancio persistente, irritabilidad, problemas de sueño, aislamiento y síntomas de ansiedad o depresión. Repartir tareas, pedir ayuda y reservar tiempo propio son las medidas que más lo previenen.

¿El duelo anticipado hace más fácil el duelo después del fallecimiento?

Puede ayudar a prepararse emocionalmente y a cerrar asuntos pendientes, pero no elimina el duelo posterior. Cada proceso es distinto: hay personas que sienten cierto alivio tras un largo periodo de cuidado y otras que viven el fallecimiento con la misma intensidad. Ambas reacciones son normales.

¿Cuándo conviene acudir al psicólogo por el deterioro de un padre?

Cuando el malestar dura semanas y afecta al sueño, al trabajo o a las relaciones, cuando la culpa o la irritabilidad son constantes, cuando aparecen síntomas de ansiedad o depresión, o cuando el cuidado ha absorbido toda la vida personal. La terapia psicológica ofrece un espacio para procesar la pérdida y sostener el cuidado de forma más saludable.

Ernesto Martín, psicólogo sanitario de Psicopartner

Ernesto Martín
Psicólogo Sanitario. Colegiado M-23636.

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