Siempre propongo a mis pacientes cómo van a afrontar las Navidades, qué cambios va a haber en su rutina, en su día a día, en su relación con sus allegados y a qué dificultades se van a enfrentar. La realidad nos dice que en no pocas ocasiones, en estas fechas además de alegría y bienestar se produce malhumor y distanciamiento.
La Navidad se nos presenta con esas luces tan bonitas, esos árboles decorados, esos mercadillos como símbolo de alegría, bienestar, unidad, momentos especiales con nuestras parejas y familias. En la otra cara de la moneda, durante las fiestas y especialmente los meses posteriores se produce un aumento de conflictos de pareja, crisis matrimoniales que a veces llevan a la separación. En mi experiencia clínica, este fenómeno es frecuente y se produce un aumento de las consultas por este motivo. La explicación la podemos encontrar en la interacción de varios factores.
Las fiestas, y el tiempo libre en general actúan como un potenciador y amplificador de las emociones tanto personales como de pareja, produciéndose por tanto un despertar de sentimientos latentes que por falta de tiempo durante nuestra rutina de trabajo habían quedado en segundo plano. Así durante las navidades ocurren los siguientes fenómenos:
- Expectativas previas y choque con la realidad y presión social. La idealización de la Navidad como un periodo en el que vamos a poder descansar, ir al gimnasio, pasar tiempo con nuestra pareja, hacer una escapada, etc genera una presión. Así, se espera que la pareja esté más unida y más cercana afectivamente. En el momento en que la realidad no encaja con esa imagen creada, aparece la frustración, el desencanto.
- Las vacaciones implican convivir más tiempo del habitual lo que inevitablemente conlleva que las diferencias de opiniones, de pareceres y de carácter se hacen más patentes, así lo que molesta, molesta más durante más tiempo. Si a ello sumamos dificultades de comunicación o simplemente que no se hablen para evitar el roce, conflictos latentes, este aumento del contacto puede intensificar desacuerdos que antes permanecían en segundo plano.
- Pasar más tiempo juntos implica menos tiempo personal y espacio propio. Las vacaciones suelen implicar compartir tiempo, espacio y actividades, lo que puede generar agobio frustración y el malestar, y si alguien es muy independiente sensación de falta de identidad personal. No olvidemos que estar juntos no se debe equiparar a renunciar al espacio individual.
- Un posible estrés económico. Durante este periodo los gastos aumentan pudiendo convertirse en una fuente de malestar, especialmente si existen diferencias en la forma de gestionar el dinero, generando reproches en uno o ambos miembros.
- Conflictos con la familia de origen. Basta pensar en una familia propia o política crítica y-o invasiva para ponernos en guardia. Cuando hay desavenencias con la familia, el mayor tiempo con ellos se convierte en una ineludible fuente de estrés, pues hay que negociar y llegar a acuerdos a veces imposibles sobre con quién pasar las fiestas, en qué casa, qué regalos comprar. En no pocas ocasiones un miembro de la pareja no está de acuerdo con el otr@ en cómo es visto-considerado por la familia, o en otros casos sí está de acuerdo, pero la solución que sugieren es no hacer caso y poner buena cara para evitar malos rollos, lo que genera en quien lo recibe una minimización a sus sentimientos, falta de apoyo y comprensión y protección por quien espera se lo va a brindar, el conflicto cuanto menos ya está asomando.
- Inseguridades sorprendentes, o no tanto. Durante las vacaciones, es esperable que aumente, lo que podría provocar inseguridades, envidias o celos en uno o ambos miembros de la pareja. Pese a que puedan ser normales, es necesario manejarlos para evitar que compliquen la situación.
Podemos preguntarnos por qué este mes es crítico para las crisis; Enero significa la vuelta a la realidad, a veces con sentimientos de bajo estado de ánimo, desmotivación o cansancio que pueden intensificar la visión negativa de nosotros y nuestra vida. Así, tras el paréntesis que han supuesto las fiestas, no pocas parejas se enfrentan a lo que han intentado ignorar.

Algunas señales habituales que indican que la pareja atraviesa una crisis tras las Navidades son:
- Aumento de discusiones por temas aparentemente menores.
Debemos plantearnos por qué me molesta esto que antes no me suponía ningún problema. Si las circunstancias son las mismas tenemos que evaluar qué está fallando; en este punto la ayuda de un terapeuta puede ser crucial para salvar nuestra relación con nosotros mismos y nuestro entorno. - Irritabilidad personal, molestándonos lo que antes no molestaba.
- Distanciamiento emocional y-o físico; a veces producto de las discusiones habidas.
- Sensación de decepción o desconexión con nuestra pareja, nuestra familia o nuestros amigos. La conocida sensación de ir con el piloto automático puesto.
- Evitación del diálogo o conversaciones constantes que no llevan a ningún lado. Cuando la comunicación en una pareja, como causa y consecuencia del mal rollo se ve afectada, constituye una herida en un órgano vital de la misma. Así, cuando la forma de “hablarse” es a través de la incomunicación en sus diferentes facetas: gritos, ironía, silencio e ignorancia, imposiciones… el resultado habitual es el distanciamiento que de mantenerse es un gran precursor de la muerte emocional de la pareja.
- Pensamientos recurrentes sobre la ruptura. Resulta obvio que cuando alguien se plantea reiteradamente la ruptura es porque ésta no funciona.
- Sensación de soledad aun estando juntos.
Reconocer estas señales a tiempo es clave para evitar que el malestar se cronifique.

Qué podemos hacer.
Ajustar expectativas. Se hace importante aceptar que las relaciones reales no se parecen a los modelos idealizados que nos ponen en las películas, los libros o las redes sociales. La pareja no tiene que ser perfecta, pero sí suficientemente segura y satisfactoria para ambos.
Considerar la ayuda profesional. En estos casos, la terapia de pareja ofrece un espacio neutral para entender el origen el conflicto, su origen y mantenimiento, mejorar la comunicación y tomar decisiones más conscientes. No es preciso estar al borde de la ruptura para pedir ayuda.
Revisar acuerdos y roles. Las fiestas suelen poner de manifiesto desequilibrios en responsabilidades, límites familiares o gestión del tiempo. Revisar y renegociar estos aspectos puede prevenir conflictos futuros.
Se torna básico Recuperar la comunicación franca, sincera honesta y empática; hablando desde nuestros sentimientos y no desde el reproche.
Aceptar los conflictos como una parte de la relación de pareja. Cuando hablo de conflictos no me refiero únicamente a guerras, sino también a algo más común como desacuerdos o diferentes puntos de vista sobre un tema importante o trivial, algo inherente al ser humano pues no nos olvidemos que por naturaleza somos seres sociales. Incluso las parejas más sólidas y consolidas experimentan desavenencias; el problema no está en qué no haya conflictos, sino en cómo se gestionan y se solucionan. El hecho de conseguir encontrar, solos o con una ayuda profesional, una resolución eficaz y satisfactoria a través de una comunicación abierta, franca y sincera a los problemas nos hará entender que un desencuentro no es señal de fracaso, sino una oportunidad para entender las necesidades del otr@ y las mías, conocernos mejor cómo funcionamos a nivel individual como en pareja, saber que queremos cambiar, qué queremos y podemos cambiar, hacen que la pareja pueda salir más fortalecida. Muchas parejas no se consolidan sólo a través de las risas, sino también de forma indispensable “ a través del llanto”.
Si te has visto reflejado-a en este artículo, estás pasando por una mala racha en tu relación de pareja que te hace sentir infeliz, puedes ponerte en contacto con el equipo de PSICOPARTNER, llamándonos al +34 669 489 678 o enviándonos un email a hola@psicopartner.com y reservar una cita presencial o bien utilizando nuestro servicio de psicología online, donde estaremos encantados de analizar tu caso, atenderte y ayudarte.







