El duelo por una amistad: cuando el círculo social cambia en la madurez.

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Cuantos amigos tenemos cuando somos niños, cuántos en la adolescencia y cuantos en la edad adulta, sin duda alguna el número se reduce. Durante la infancia y la adolescencia solemos construir amistades con relativa facilidad pues compartimos espacios cotidianos como el barrio, el colegio-instituto muchas veces con sus comidas y sus extraescolares, así como diferentes actividades, así el contacto constante favorece que los vínculos se mantengan. 

Sin embargo, a medida que avanzamos hacia la edad adulta, algo cambia. Las prioridades se diversifican, aparecen nuevas responsabilidades, muchas veces una pareja y, poco a poco, el círculo social se transforma. Con los años muchas personas priorizan, se suele decir que se prefieren los amigos a los colegas pues se mantienen relaciones más profundas y significativas en lugar de mantener un gran número de vínculos más superficiales, primando la calidad sobre la cantidad. Aun así, cuando varias amistades cambian o se distancian al mismo tiempo, puede surgir la sensación de que la vida social se está encogiendo.

 En ese proceso, muchas amistades se distancian o incluso algunas desaparecen. Esto es algo que damos por hecho, lo que pocas veces se menciona es que este cambio puede generar un tipo de duelo emocional como cualquier otra pérdida: el duelo por una amistad, un duelo del que apenas se habla. 

Cuando pensamos en duelo, solemos asociarlo con la muerte de un ser querido y en menor medida con una separación o rupturas de pareja, pero un duelo es en su esencia cualquier proceso de pérdida a la que es necesario adaptarse. Las amistades también pueden ocupar un lugar profundamente significativo en nuestra vida emocional; pues compartimos confidencias, momentos de crecimiento, etapas vitales, alegrías y penas y una sensación de pertenencia que contribuye a nuestra identidad personal. Por eso, cuando una amistad importante se enfría, se diluye con el tiempo o se rompe, puede aparecer tristeza, nostalgia o incluso confusión, emociones propias de un duelo. A diferencia de otros tipos de pérdidas, este duelo suele ser silencioso, no sólo por el alrededor sino muchas veces por quien lo sufre. Muchas personas sienten que “no deberían sentirse tan mal” porque nadie ha muerto ni ha ocurrido una ruptura formal. Es necesario no olvidar que las emociones son personales y por tanto no están sujetas a reglas sociales sino individuales y personales.

Foto art duelo por ruptura de una amistad 2 El duelo por una amistad: cuando el círculo social cambia en la madurez.

Por qué cambian las amistades con la madurez

El cambio en las relaciones de amistad durante la edad adulta es un fenómeno muy común. Existen varios factores que lo explican o al menos contribuyen a ello. 

- Menos espacios compartidos. A diferencia de la escuela o la universidad, en la vida adulta no siempre existen entornos comunes que faciliten el contacto frecuente, basta pensar que muchas veces la vida adulta se reduce a trabajo-casa, si acaso ir al gimnasio, y cuando se tienen hijos pequeños la vida, y con ello la vida social, se reduce aún más.

- Cambios en las prioridades. La vida adulta suele traer consigo trabajo, proyectos personales, pareja o familia. El tiempo disponible se reduce y, de forma inevitable, algunas relaciones dejan de ocupar la misma prioridad que antes.

- Evolución personal. Las personas cambian. Lo que antes nos unía puede dejar de tener el mismo peso emocional o intelectualmente hablando.

- Diferencias en los caminos vitales. En la juventud compartimos contextos similares, pero con el paso de los años los caminos pueden y suelen divergir: mudanzas, no invertimos nuestro dinero en lo que lo hacíamos cuando éramos más jóvenes, los valores alcanzan otra dimensión, se toman decisiones profesionales o estilos de vida distintos.

Nada de esto significa necesariamente que la amistad haya sido falsa o superficial, simplemente se trata más bien de que la vida ha evolucionado y por tanto las prioridades y la amistad también, muchas veces un reflejo que las personas están atravesando etapas diferentes.

Las emociones que aparecen cuando una amistad se pierde.

El duelo por una amistad puede manifestarse de distintas maneras, pero muchas veces de manera muy similar a un duelo al uso Algunas de las emociones más habituales son:

-Confusión sobre qué ocurrió o cuándo empezó el distanciamiento, fase propia de estar en shock. 

En ocasiones también aparece una sensación extraña, amarga y dura pues la pérdida es real, pero no hay un ritual social que la reconozca. Tampoco se produce una despedida clara ni una conversación final de despedida simplemente las conversaciones e interacciones se van diluyendo hasta desaparecer, este cierre ambivalente puede hacer que el duelo sea más difícil de procesar.

- Tristeza y nostalgia al recordar momentos compartidos, y los que ya, al menos temporalmente, no se compartirán.

- Soledad, especialmente si esa amistad ocupaba un lugar central en la red social, no solo por el tiempo que se compartía y todo lo que se hacía juntos; sino que esa persona es insustituible por tanto si no se retoma la relación " murió alguien que no tiene ni debe tener recambio".

-Sensación de rechazo si la distancia o la ruptura fue unilateral, lo que de una manera podrá influir en nuestra confianza en nosotros mismos y por ende en nuestra autoestima. 

 - Culpa. Muy asociado al sentimiento anterior aparece la culpa unas veces real y otras irreal, en ocasiones adaptativa y normalmente perjudicial, con preguntas redundantes del tipo por qué sucedió, se podría haber por algo más, fui yo quien no cuidé la amistad, no supe darle lo que necesitaba, etc. 

Foto art duelo por ruptura dde una amistad 3 El duelo por una amistad: cuando el círculo social cambia en la madurez.

Qué podemos hacer. Cómo transitar el duelo por una amistad.

Reconocer el duelo por una amistad no es quedarse anclado en el pasado, sino dar un significado emocional y honrar el significado de lo que esa amistad supuso en nuestra vida. Y, al mismo tiempo, abrir espacio para los vínculos que aún están por llegar. Superar el distanciamiento de una amistad significativa no consiste en olvidar a la persona, sino en integrar la experiencia emocional en nuestra historia psicobiográfica. Algunos pasos pueden ayudar en este proceso.

-Reconocer y validar la pérdida. Validar que lo que se siente pues es un duelo legítimo y único, propio de cada amistad y de cada persona. No es necesario ni recomendable minimizarlo ni compararlo con otras pérdidas, pues cada una es única.

Es necesario entender que las relaciones humanas tienen ciclos. Algunas amistades nos acompañan durante toda la vida, mientras que otras están ligadas a una etapa concreta, algunas se prolongan durante toda la vida, pero otras se quedan ahí. Así, hay amistades que son fundamentales durante la infancia y adolescencia, otras durante los años universitarios, otras en el trabajo o la vida personal. Que una relación no dure para siempre no significa que haya sido menos valiosa, pues cumplieron un papel importante en el desarrollo personal de ambos. Aceptar esta perspectiva puede aliviar la sensación de fracaso que a veces acompaña la pérdida de una amistad.

-Permitir la tristeza. Las emociones desagradables forman parte del proceso de adaptación ante cualquier pérdida vital deseada o no. Así, evitarlas, racionalizarlas o minimizarlas no es algo adaptativo, sino que suele prolongar el malestar.

Reflexionar sobre la relación. Pensar qué aportó esa amistad, que ha sido lo más duro de esta pérdida, qué aprendizajes dejó, qué necesidades personales, sociales y emocionales cubría; en definitiva, quién fuiste en mi vida.

-Evitar idealizar el pasado. Como en cualquier pérdida, se tiende a idealizar lo que se tenía y a ignorar los costes, los malos rollos o las desavenencias. Así, a veces, cuando una relación termina, tendemos a recordar solo lo bonito, lo bueno y positivo. Intentar ver la relación de forma más completa puede facilitar el cierre.

-Valorar las amistades que permanecen. Cuando el círculo social cambia, también se vuelve más visible qué relaciones permanecen con el paso del tiempo. Algunas amistades se adaptan a nuevas circunstancias, sobreviven a la distancia o reaparecen después de años. Estas relaciones de amistad suelen basarse menos en la frecuencia del contacto y más en la confianza, la historia, los intereses compartidos, la forma de entender la vida y el afecto mutuo; así, a veces basta con saber que la otra persona está a nuestro lado, incluso si apenas se ven.

-Abrirse a nuevas conexiones. La vida social en la adultez es diferente a otras edades, pero no necesariamente más pobre. Nuevas amistades pueden surgir en contextos laborales, intereses compartidos, actividades culturales o proyectos personales. 

Si te has visto reflejado-a en este artículo, tienes un gran malestar emocional y ves que no puedes asumir tu pérdida, puedes ponerte en contacto con el equipo de PSICOPARTNER, llamándonos o enviandonos un whatsapp  al +34 613 145 003  y reservar una cita presencial o bien utilizando nuestro servicio de psicólogos online, donde estaremos encantados de analizar tu caso, atenderte y ayudarte.

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Ernesto Martín

Psicólogo Sanitario Colegiado M-23636
Especialista en Terapia de Pareja

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