Durante mucho tiempo, la terapia se ha centrado en el presente, tratando de generar recursos desde la situación actual del paciente que le permitieran superar sus problemas y dificultades. Algo muy importante, como sin duda también lo es nuestro pasado, nuestra historia vital que deja una huella no pocas veces de un gran calado en nuestro presente. El filósofo José Ortega y Gasset decía “Yo soy yo y mis circunstancias”, y es que venimos “configurados” por un pasado, en ocasiones grabado a fuego del que hemos desarrollado y aprendido conductas, comportamientos y actitudes muchas veces útiles y provechosos, pero muchas otras a su vez desadaptativas y perjudiciales para el entorno y para nosotros mismos.
Uno de nuestros pasados más marcados, que más ha influido y va a influir en nosotros, nuestras relaciones, nuestras emociones y sentimiento, nuestras acciones, nuestro bienestar y satisfacción personal es la forma en la que nos relacionamos y vinculamos con nuestro entorno. La forma en que nos vinculemos con nuestros semejantes marca la forma en que nos adaptamos al entorno, muy relacionado con ello se encuentra el apego.
Entendemos éste como la forma afectiva y emocional en la que el ser humano se vincula con sus referentes más cercanos; la forma en que entendemos y sentimos cuál es el grado de seguridad en las relaciones con quienes nos rodean y, por, tanto de las dinámicas relacionales de las que formamos parte.
La teoría del apego parte de John Bowlby quien hizo múltiples estudios sobre las primeras relaciones del niño desde su más tierna infancia, descubriendo que, ante una situación amenazante, el niño acudía a su cuidador en busca de protección, y la no repuesta de éste podía generar repercusiones en la crianza. A través de su práctica clínica consideró que los bebés nacen con una necesidad de conexión con sus cuidadores principales, y que ese vínculo influirá en el desarrollo afectivo y social a lo largo de su vida.
Posteriormente a estudios de Mary Ainsworth definió los diferentes estilos de apego seguro, ansioso, evitativo y desorganizado.
-Apego seguro. Los niños con apego seguro tienden a buscar a sus figuras de apego ante una situación que perciben amenazadora, confiando en los mismos pues, éstos se han convertido en personas confiables a quienes pueden recurrir. Cuando se separan de éstos experimentan emociones negativas sólo al principio, recuperando el contacto natural cuando se produce el reencuentro.
Las personas adultas con este estilo de apego experimentan una sensación de satisfacción general en sus relaciones con otros, sintiéndose generalmente seguros en sus relaciones `personales y no teniendo miedo a mostrar sus emociones; generando relaciones profundas, pero no de dependencia hacia sus personas significativas.
- Estilo ansioso. Los niños que presentan este estilo de vinculación con sus significativos no tienen la seguridad de disponer de la ayuda que pudieran precisar en caso de necesidad, explorando el entorno desde el miedo y la incertidumbre.
Las personas adultas con este estilo de apego tienden a evitar sus emociones, lo que dificulta la adquisición de recursos con que afrontar sus vaivenes emocionales; siendo frecuente el miedo al abandono y la sensación de inadecuación.
-Estilo desorganizado de apego. A lo largo de su desarrollo madurativo, sus cuidadores han adquirido una actitud negligente ( a veces abusiva ) mostrándose ansiosos tanto ante la presencia como ante la ausencia de sus “figuras protectoras”.
Este estilo de apego genera profundas huellas en el desarrollo de la personalidad y vinculación afectiva en la edad adulta.
Centrándonos en el apego evitativo, objeto de nuestro artículo. Los niños que tenían este estilo de apego reaccionaban llorando cuando su madre desaparecía, mostrándose distantes a la vuelta de la misma.
Así el apego va influir en la edad adulta, lo esperable es encontrarnos a una persona con tendencia a mostrar distancia emocional, estar a la defensiva en las relaciones sociales, a no generar vínculos profundos.
Lo que más define a un adulto con apego evitativo es el temor a sentirse débil-vulnerable con una creencia muy marcada de ser rechazad@ por ello, dejando de mostrar sus verdaderas emociones, llegando incluso a negárselas a sí mismo, desarrollando un férreo autocontrol. Por su miedo a la fragilidad, desarrollan una imagen de sí mismos de muy fuertes emocionalmente y segur@s de sí mism@s sin necesitar a los demás, transmitiendo muchas veces una “falsa” sensación de éxito personal y profesional.

Tras este escudo, estamos hablando de personas con gran tensión ante la intimidad, tratando de evitar a toda costa depender de los demás y que éstos no respondan tal como ocurrió en la vinculación que tuvo en su infancia con sus significativos.
A continuación, se describen los comportamientos característicos de las personas con apego evitativo inseguro:
- Relaciones superficiales: Hablar de temas personales les suele generar incomodidad y malestar, más si cabe cuando hablamos de relaciones íntimas.
- Aparente distancia en el trato personal; pudiendo dar la impresión de personas duras e insensibles, y poco empáticas, moviéndose por la razón y muy rara vez por la emoción. Tras esta apariencia se encuentran personas que han llegado a desconectar de sus propios sentimientos personales.
- Dificultad para leer las emociones de los demás.
- Dificultad para pedir ayuda; siendo muy frecuente el tratar de solucionarse los problemas a su manera y por sí mismos, dando la sensación de autosuficiencia, de personas muy `poco influenciables.
- Mala Gestión de conflictos. Así su forma de mostrar desacuerdo o enfado es con indirectas, sin quejas abiertas, con un estilo de comunicación pasivo-agresivo.
- Dificultad para establecer y mantener relaciones de pareja por su tendencia a no abrirse emocionalmente. Algo lógico entendiendo que a lo largo de la misma se desarrolla la intimidad, siendo la pareja normalmente una de las personas que más le conoce, y por tanto sus miedos y temores; tendiendo en no pocas ocasiones a alejarse cuando sienten que se “empiezan a sentir pillados-as por esa persona”. Muchas veces esto se ve reflejado en las relaciones sexuales con miedo y evitación ( cuanto menos emocional ) de las mismas.
- Marcan distancia emocional, alejándose cuando aumenta el grado de intimidad: De hecho, normalmente toman distancia cuando sienten que se están implicando a nivel afectivo o que alguien está accediendo (o intentando acceder) a su mundo emocional.
- Asociado con ello, en no pocas ocasiones encuentran pegas a las relaciones que los demás no perciben, lo que puede hacer que rompan con aparente facilidad.
- Las relaciones de amistad y de familia se viven desde el sentido de la responsabilidad, moviéndose por la razón y rara vez por el sentimiento. En este sentido, su forma de cuidar no es tanto a nivel afectivo, sino práctica.

El trabajo terapéutico con nuestros pacientes que presentan este tipo de apego tiene como objetivo la reparación del vínculo afectivo-emocional consigo mism@s en primer lugar para posteriormente poder hacerlo con el entorno, pues un vínculo adaptativo será el encargado da hacer la curación. Para ello es preciso aprender a identificar, familiarizarse con las emociones, aprender el valor de las mismas y gestionarlas poniendo las mismas a nuestro servicio.
Si te has visto reflejado-a en este artículo, tu apego te genera dificultades contigo mism@ y con los demás que reducen tu calidad de vida y te impiden sentirte bien, puedes ponerte en contacto con el equipo de PSICOPARTNER, llamándonos al +34 669 489 678 o por whatsapp al +34 +34 613 145 003 o también enviándonos un email a hola@psicopartner.com para reservar una cita presencial o bien utilizando nuestro servicio de psicología online, donde estaremos encantados de, atenderte, analizar tu caso de forma personalizada y ayudarte.







